Tras dos años marcados por la pandemia del COVID-19, que provocó la recesión mundial más profunda desde la Segunda Guerra Mundial, la economía está nuevamente en riesgo. En esta ocasión, la economía mundial avizora un escenario con altos niveles de inflación y crecimiento lento. Incluso si se sortea una recesión mundial, las implicaciones negativas de la estanflación podrían mantenerse durante varios años, afectando la estabilidad de las economías de ingreso bajo y mediano, a menos que se logren aumentos significativos en la oferta. En el contexto de la guerra en Ucrania, la escalada inflacionaria y el incremento de las tasas de interés, las expectativas del crecimiento económico mundial se han reducido del 5,7% en 2021 al 2,9% este año, de acuerdo con el Banco Mundial. Esto también supone un recorte de casi un tercio en la previsión de enero de 2022, en la que se estimaba un 4,1% para este año. En el caso de las economías en desarrollo, se prevé que crezcan un 3,4% en 2022, lo que representa la mitad de la tasa de 2021 y muy por debajo del promedio registrado entre 2011 y 2019. Por su parte, las previsiones de crecimiento para los países de ingreso mediano en 2022 reflejan una caída de 1,3 puntos porcentuales respecto de las de enero. También te puede interesar: En medio de una abrupta desaceleración del crecimiento, aumenta el riesgo de estanflación El riesgo de que la inflación superior al promedio y el crecimiento inferior al promedio se mantengan durante varios años, es cada vez más latente. Se estima que entre 2021 y 2024 el crecimiento mundial se desacelerará 2,7 puntos porcentuales, lo que significa más del doble de la desaceleración registrada entre 1976 y 1979. En este sentido, la falta de inversiones en la mayor parte del mundo podría estimular un crecimiento tenue durante toda la década. En tanto que, los niveles más altos de inflación en décadas que registran muchos países, sumado a una lenta expansión de la oferta, alimentan el riesgo de que la tasa de crecimiento de los precios persista más elevada durante más tiempo de lo que se prevé en la actualidad. Por otro lado, en la actualidad la deuda pública externa de las economías en desarrollo se sitúa en niveles sin precedentes. La mayor parte fue contraída con acreedores privados, y una proporción significativa está sujeta a tasas de interés variables que podrían incrementarse drásticamente. Con el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales y la depreciación monetaria, el sobreendeudamiento que es característico en las economías de ingreso bajo, ahora se extiende a los países de ingreso mediano. El cese de la política monetaria laxa en las principales economías avanzadas, junto con el consiguiente incremento de los costos mundiales de los empréstitos, representa otro factor que afecta a los países en desarrollo. Además, se espera que en los próximos dos años el apoyo fiscal proporcionado en 2020 para combatir la pandemia desaparezca, no obstante, los niveles de deuda se mantendrán altos. En este sentido, un endurecimiento de la política monetaria avoca medidas para reducir la desigualdad, para lo cual será importante incrementar los ingresos de todos mediante herramientas fiscales y monetarias que consoliden las cadenas de suministro, las pequeñas empresas y el proceso de asignación de capital. También te puede interesar: Estos dos factores pueden impulsar aún más la inflación global Según el Banco Mundial, para reducir el riesgo de estanflación, en un contexto en el que se superponen diversas crisis mundiales, los responsables de formular políticas de todos los países deberán enfocarse en cinco áreas clave: En primer lugar, deben atenuar el impacto que representa la guerra en Ucrania para las personas afectadas. Esto comprende una respuesta a la crisis a través del suministro de alimentos, asistencia médica y financiera de emergencia a las zonas devastadas por la guerra, y el apoyo en la asistencia a los refugiados y las personas desplazadas internamente. En segundo lugar, deben contrarrestar el alza de los precios del crudo y los alimentos. En este caso, es importante aumentar la oferta de productos básicos energéticos y alimentarios clave. Dado que los mercados miran hacia adelante, los anuncios sobre la oferta futura contribuirán a reducir los precios y las expectativas inflacionarias. Todos los países deben fortalecer sus sistemas de protección social y reducir las barreras a la exportación e importación que suscitan el aumento de los precios. En tercer lugar, a medida que el sobreendeudamiento se extienda a los países de ingreso mediano, aumentarán los riesgos de impacto para la economía mundial, por lo que urge acentuar esfuerzos para un alivio rápido, integral y de gran magnitud de la deuda. En cuarto lugar, se debe priorizar la contención del Covid-19, para lo cual es fundamental reforzar de manera integral el sistema sanitario y ampliar los programas de inmunización, especialmente en los países de ingreso bajo. En quinto lugar, se debe acelerar la transición hacia fuentes de energía con bajos niveles de emisión de carbono. Para esto es necesario aumentar las inversiones en redes eléctricas, fuentes de energía menos contaminantes y mayor eficiencia energética. Un crecimiento más rápido y un entorno normativo más estable y sustentado en normas, también serán clave para la recuperación de la prosperidad a largo plazo, señala el organismo multilateral. Fuente: Banco Mundial