La salud mental es un tema prioritario en las sociedades. Sin embargo, es un tema que cuenta con la atención que merece. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los últimos datos publicados sobre este tema, en el mes de septiembre de 2025, confirman que más de mil millones de personas padecen trastornos de salud mental. Por otro lado, la depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial un billón de dólares al año en pérdida de productividad y otros costos indirectos. El costo de las enfermedades mentales a nivel global se ha proyectado que aumentará significativamente de aquí a 2030, representando una pérdida estimada de 16,1 billones de dólares entre 2010 y 2030. La OMS publicó hace poco el Mental Health Atlas 2024 (Atlas de la Salud Mental 2024), en el cual muestra avances en políticas y planes de salud mental desde 2020, con mayor enfoque en derechos y preparación ante emergencias sanitarias. Sin embargo, las reformas legales siguen rezagadas: solo el 45 % de los países cuenta con leyes acordes a las normas internacionales. La inversión continúa siendo mínima —en promedio, apenas el 2 % del gasto sanitario— y desigual: los países de altos ingresos destinan USD 65 por persona, mientras que los de bajos ingresos apenas USD 0,04. El personal especializado promedio es de 13 por cada 100 000 habitantes. Menos del 10 % de los países ha adoptado modelos comunitarios de atención, predominando aún los hospitales psiquiátricos, donde casi la mitad de los ingresos son involuntarios. Aun así, el 71 % ha integrado la salud mental en la atención primaria y más del 80 % aplica programas de promoción, prevención del suicidio y apoyo psicosocial en emergencias, aunque persisten brechas graves en cobertura y acceso equitativo. En cuanto a Ecuador, según el Ministerio de Salud, aproximadamente el 30% de la población necesita tratamiento para problemas de salud mental. La depresión y la ansiedad son los trastornos más prevalentes, con un impacto significativo en la discapacidad y la calidad de vida de las personas. Por otro lado, en el país, el porcentaje de años de vida perdidos por discapacidad relacionada a problemas de salud mental es del 33,4%: 8,3% por depresión, 5,2% por ansiedad, 1,6% por esquizofrenia, 1,5% por suicidio y trastorno bipolar y 0,9% por consumo de alcohol. En el mismo contexto, en 2023 se produjeron un total de 1.201 muertes por suicidio a nivel nacional con mayor incidencia en población adulta mayor, asimismo hombres y mujeres jóvenes, seguido de adolescentes. En este contexto, es importante hablar de salud mental y concientizar sobre la importancia de la misma. La salud mental en el espacio laboral: un desafío para todos. La salud mental en lo laboral se ha convertido en un desafío económico urgente para Ecuador. Los niveles de ansiedad en América Latina y el Caribe alcanzan el 7,3%, por encima del promedio mundial y de la OCDE, mientras la inversión en salud mental sigue siendo inferior al 3% del gasto sanitario. En el país, los años de vida saludable perdidos por trastornos mentales crecieron 83% entre 2000 y 2021, reflejando su impacto en la productividad nacional. Los trastornos de ansiedad y los episodios depresivos son los más comunes, afectando principalmente a jóvenes entre 15 y 24 años, justo al inicio de su vida laboral. Estudios locales revelan que el burnout, la pérdida de concentración y la fatiga emocional son causas frecuentes de ausentismo y bajo desempeño. Según el estudio El desafío invisible: salud mental en el trabajo, realizado por Multitrabajos y Combo, el 56% de los trabajadores considera que su empresa no apoya la salud mental y el 42% evita hablar del tema por miedo a represalias. Investigaciones nacionales muestran que mayores niveles de depresión y ansiedad reducen significativamente la satisfacción laboral. Expertos advierten que los costos derivados incluyen menor productividad, rotación de personal y deterioro del clima organizacional. Las estrategias más efectivas incluyen políticas laborales que promuevan ambientes saludables, programas de bienestar y capacitación en resiliencia, además del autocuidado individual y el fortalecimiento de redes de apoyo. La salud mental en el trabajo, concluyen los estudios, es un tema económico y social que requiere intervención urgente y sistémica. Países que destacan por sus políticas en salud mental En el mundo, varios países han demostrado que una política pública sólida y sostenida puede transformar la atención en salud mental, reducir el estigma y mejorar la productividad social. Estos modelos son referentes para regiones como América Latina, donde el tema aún lucha por ocupar un lugar prioritario en las agendas nacionales. Finlandia Es uno de los ejemplos más admirados. Su sistema integra completamente la salud mental en la atención primaria, de modo que cualquier persona puede recibir ayuda psicológica sin necesidad de pasar por hospitales psiquiátricos. El Estado invierte en prevención desde la infancia, con programas escolares de educación emocional y acompañamiento familiar. Iniciativas como “Mielenterveys työssä” (“Salud mental en el trabajo”) promueven el bienestar en los entornos laborales, reduciendo el ausentismo y fortaleciendo la resiliencia. Gracias a esta visión preventiva, Finlandia ha logrado una de las tasas más bajas de suicidio en Europa y un alto nivel de satisfacción ciudadana con sus servicios de salud. Australia Donde la innovación tecnológica ha sido clave. Su red de Headspace Centres ofrece apoyo psicológico gratuito a jóvenes de entre 12 y 25 años, y la plataforma MindSpot permite acceder a terapias en línea desde cualquier lugar del país. Este enfoque ha permitido detectar tempranamente trastornos mentales, reducir los costos del sistema y ampliar la cobertura en zonas rurales o remotas. Canadá Adoptó una estrategia nacional en 2012 bajo el nombre “Changing Directions, Changing Lives”, que busca transformar la forma en que la sociedad aborda los trastornos mentales. Su enfoque combina salud comunitaria, educación y servicios descentralizados. Las provincias cuentan con psicólogos en escuelas, programas gratuitos de terapia en línea y líneas de atención de crisis disponibles las 24 horas. El modelo canadiense ha demostrado que invertir en salud mental reduce la presión hospitalaria y mejora la productividad laboral, al tiempo que disminuye el estigma asociado a los trastornos mentales. Noruega Destina alrededor del 10% de su presupuesto sanitario a salud mental, lo que le permite ofrecer una cobertura universal y servicios de alta calidad. Su sistema se basa en la rehabilitación y reintegración comunitaria, con especial énfasis en la recuperación de personas con enfermedades severas como la esquizofrenia. Programas de vivienda asistida y reinserción laboral garantizan que las personas con diagnósticos complejos mantengan su autonomía y participación social. Chile En América Latina destaca por su experiencia pionera. Desde 1993 implementa un Plan Nacional de Salud Mental que prioriza la atención comunitaria y la integración en la atención primaria. Equipos interdisciplinarios trabajan directamente en barrios y escuelas, y los hospitales psiquiátricos han sido reemplazados progresivamente por centros ambulatorios. Este modelo ha logrado disminuir las hospitalizaciones y mejorar la detección temprana de casos. También te puede interesar: ¿Líderes con Síndrome Hubris? Cuando el poder desconecta y cambia el cerebro ¿Cómo cuidar la salud mental? El National Institute of Mental Health (Instituto Nacional de Salud Mental), da algunas recomendaciones para promover el autocuidado, cuyo significado es dedicar tiempo a hacer cosas que ayudan a vivir bien y a mejorar la salud física y mental. Esto contribuye a controlar el estrés, disminuir el riesgo de contraer enfermedades y aumentar el nivel de energía. Además afirma que algunas acciones pequeñas de autocuidado en la vida diaria pueden generar un gran impacto. Los siguientes son algunos consejos para ayudarle a comenzar a cuidarse a sí mismo: 01 Haz ejercicio con regularidad. Intenta moverte al menos 30 minutos al día, ya sea caminando, estirándote o haciendo alguna actividad que disfrutes. Si no puedes completar los 30 minutos de una sola vez, divídelos en pequeños bloques a lo largo del día; al final, también suman. 02 Cuida tu alimentación y mantente hidratado. Come de manera equilibrada y a horarios regulares, y asegúrate de beber suficiente agua. Esto ayuda a aumentar tu energía y concentración. Observa cómo la cafeína y el alcohol afectan tu ánimo y bienestar, y considera reducirlos si notas que te afectan negativamente. 03 Dale prioridad al descanso. Mantén un horario regular de sueño y asegúrate de dormir lo suficiente. Reduce la exposición a la luz azul de pantallas y dispositivos antes de dormir para conciliar el sueño más fácilmente. 04 Practica actividades relajantes. Dedica tiempo a la meditación, la respiración consciente o ejercicios de relajación muscular. También reserva momentos para actividades que disfrutes, como escuchar música, leer, pasar tiempo en la naturaleza o practicar hobbies de bajo estrés. 05 Establece metas y prioridades. Decide qué tareas son urgentes y cuáles pueden esperar. Aprende a decir “no” cuando sientas que estás asumiendo demasiado y al final del día aprecia lo que lograste, en lugar de enfocarte en lo que no hiciste. 06 Practica la gratitud. Recuerda a diario cosas por las que estás agradecido. Sé específico y anótalas o repítelas mentalmente. 07 Centra tu atención en lo positivo. Identifica los pensamientos negativos o poco útiles y cuestiona su validez, buscando enfocarte en lo que aporta bienestar. 08 Mantente en contacto con los demás. Comunícate con amigos o familiares que puedan brindarte apoyo emocional y ayuda práctica cuando la necesites.