La buena salud de la población no es solo una consecuencia del desarrollo: también es una causa del mismo. Por eso la atención a la salud no debe verse sólo como un generador de gasto, sino como un sector de actividad que afecta a otros sectores y a la economía. Esta visión es una oportunidad para priorizar e implantar medidas muy reclamadas para que el sector sanitario sea más equitativo y eficiente. No solo para estar preparados ante futuras crisis, sino para la atención diaria de los ciudadanos. Es la primera vez en la historia en la que se ha puesto de manifiesto que la buena salud es una condición necesaria para desarrollar la economía y alcanzar la sociedad del bienestar. Ha tenido que venir una pandemia de gran magnitud la que haga ver a nuestros responsables políticos esta realidad. Los determinantes de la salud El 80% de los determinantes de nuestra salud corresponden a otros factores como el estilo de vida, la educación, la riqueza, la situación socioeconómica, las condiciones laborales y ambientales, la edad, el sexo y la herencia. Por ello, no basta con tener un sistema sanitario que cure las patologías agudas y crónicas de los ciudadanos. Debemos priorizar esas otras variables que inciden de una forma mayoritaria en nuestra salud. Estilo de vida sana Factores socioeconómicos Las condiciones ambientales y el entorno físico Factores para mejorar la economía La mejora de la productividad de las empresas. Gracias al aumento de salarios e ingresos, inducido por la estabilidad de los puestos de trabajo y proyectos a medio y largo plazo. Aumento y estabilidad de la población laboral activa. Por la disminución de las bajas laborales, permanencia en los puestos de trabajo, mejor formación de los trabajadores y horizonte de jubilación satisfactorios. La educación, tanto en la niñez y juventud como en la edad laboral. Mucho más eficaz en una población sana, en la que se reduce el absentismo laboral y permite acceder a puestos de trabajo más cualificados. La formación de capital. Tanto de los ciudadanos, a través de sus ahorros y consumos, cómo de las propias empresas internas y foráneas. La mejora de los resultados económicos que se generan a través de estos cuatro vectores retroalimentan los determinantes de la salud. Así se genera un círculo virtuoso y se muestra la salud como un predictor robusto del crecimiento económico y la mejora de nuestra sociedad del bienestar. Por: The Conversation