Stewart elaboró gomitas con la empresa canadiense Canopy Growth con un solo fin: estar al día con las tendencias. “Me interesa mucho lo nuevo y lo que está pasando”, afirmó. “Por ejemplo, tengo un auto eléctrico. Tengo un Tesla. Adopté la computadora antes que la mayoría de mis amigos; en 1982, compré mi primera IBM. Soy una de las primeras en adoptar muchas cosas. Eso te mantiene muy alerta, te mantiene extremadamente a la vanguardia, te mantiene actualizada. Quiero estar al día”, aseveró. La idea nació tras su periodo de cuarenta provocada por el Covid-19 y así lo retrató The New York TImes. “No me puedo quejar para nada de la cuarentena”, comentó Stewart. En marzo, dejó de viajar de Bedford a Manhattan, donde estaba diseñando una nueva oficina para sus cerca de 150 empleados (la marca Martha Stewart fue adquirida por Marquee Brands por un valor de 215 millones de dólares en 2019). Al inicio, se refugió en su granja de 61 hectáreas solo con tres personas: McCallister, su ama de llaves y su chofer. Estableció un punto de control de temperatura y distribuyó cubrebocas. Se despierta, como siempre lo ha hecho, alrededor de las 4 de la mañana, junto a su gato persa calicó, Emperatriz Tang (“Duermo con una emperatriz”, dijo). En la cama, lee tres periódicos, hace el crucigrama de The New York Times “y el minicrucigrama y a veces ese estúpido juego de Vertex”. Luego se ducha, se viste y va al gimnasio, donde intenta repetir las rutinas aeróbicas y de resistencia que solía hacer con un entrenador. Para las 7 de la mañana, cuando llega su equipo (que ahora consta de alrededor de una docena de personas) ya escribió un memorando de tareas pendientes para el granjero, se tomó un capuchino y un jugo verde, y comenzó su día de trabajo.