Antes de hablar de resultados, Sebastián Joffre vuelve al origen. Laboratorios Bagó nació en Argentina hace más de 90 años y, en Ecuador, suma 33 años de operación en un mercado farmacéutico exigente y altamente regulado. Para él, esa mezcla-trayectoria regional y presencia “joven” en el país- explica el tono con el que conduce la compañía: agilidad para moverse, método y disciplina para sostener decisiones. La visión que guía su gestión tiene fecha: 2030. Laboratorios Bagó del Ecudor aspira a liderar el mercado y ser reconocida por el cuidado integral de la salud y el bienestar. Joffre no la plantea como eslogan; la aterriza en tres ejes que se repiten en cada conversación interna: cultura organizacional, innovación y sostenibilidad. La cultura funciona como el piso común para ejecutar; la innovación, como la disciplina de traer soluciones terapéuticas, fortalecer el vínculo con médicos y farmacias y mejorar la experiencia del paciente y del canal. Y todo ello se enmarca en un férreo convencimiento: la sostenibilidad es el único camino para una gestión eficiente y de impacto. En su estilo de liderazgo, el reto no es redactar una visión, sino lograr que se la viva. En entornos “cada vez más volátiles, inciertos, complejos y ambiguos”, insiste en que la tarea se vuelve más llevadera cuando las personas entienden, sienten y viven el propósito. Su fórmula de trabajo es concreta: generar confianza y practicar la empatía con cada colaborador. Si esa base existe, sostiene, el equipo da lo mejor de sí en lo personal y lo profesional, y la organización puede crecer sin perder cohesión. Ese enfoque se refleja en cómo se definen los pilares estratégicos. El alto ejecutivo subraya que se construyen con líderes y equipos en talleres donde se pregunta, con honestidad, dónde está la organización y hacia dónde quiere ir. De ese ejercicio se consolidan prioridades compartidas: expansión y desarrollo (nuevos canales y productos), innovación y sostenibilidad. Cuando el rumbo se coescribe, el compromiso deja de ser un discurso y se convierte en operación cotidiana. Operar, sin embargo, también es navegar restricciones. Registrar y comercializar productos exige procesos ante la autoridad sanitaria; en ciertos casos hay fijación de precios y presiones tributarias que afectan plazos y proyecciones. Joffre añade una preocupación institucional: la seguridad jurídica. A su criterio, un marco más estable mejora el clima de inversión y permite acelerar proyectos que el país necesita para fortalecer su sistema de salud. También te puede interesar: Holding Médico, la innovación que redefine la salud en Ecuador La contribución al bienestar, combina portafolio y capilaridad. Bagó busca productos novedosos -en algunos casos, diferenciados- para distintas patologías y, a la vez, prioriza que sean accesibles. La compañía cuenta con una estructura comercial en las 24 provincias para atender a médicos y farmacias y acercar terapias a distintos contextos del país. La idea es simple: una solución no debería concentrarse en pocas ciudades. "La clave es que los colaboradores entiendan, sientan y vivan la cultura y el propósito". En esa oferta, Degraler, por ejemplo, aparece como un caso de recordación y masificación: pasó de prescripción a venta libre tras cambios regulatorios y, según la empresa, es el antialérgico más utilizado en Ecuador. Sebastián menciona también a Colnatur por su presencia en autocuidado y por campañas que conectan marca y comunidad, como carreras que canalizan donaciones a fundaciones. El mensaje detrás de esos ejemplos es más amplio: la salud no solo como tratamiento, sino como hábitos y prevención. Ahí entra su lectura sobre sostenibilidad. Laboratorios Bagó del Ecuador, dice, es “un laboratorio de personas que trabaja para las personas”, por lo que el foco social ocupa un lugar central, sin descuidar lo ambiental y la gobernanza. En la práctica, su conversación se concentra en temas donde el país paga costos altos: salud mental y riesgos cardiometabólicos. Recuerda que infartos y accidentes cerebrovasculares se asocian, en gran medida, a hábitos que pueden cambiarse: menos tabaco, menos sal, menos alcohol, mejor alimentación, menos estrés y más actividad física. También observa un cambio gradual en el consumo. Hoy hay más información disponible -incluso mediada por la inteligencia artificial-, aunque eso no siempre se traduce en conducta. Donde sí ve señales es en los jóvenes: mayor búsqueda de estilos de vida saludables y decisiones más conscientes. Para una empresa del sector, este escenario obliga a comunicar con responsabilidad y a demostrar coherencia entre lo que se ofrece y lo que se promueve. El objetivo: un país mejor. De cara a 2026, Joffre se define optimista y perseverante. Espera que el país mantenga un ritmo similar al de 2025, tras un 2024 de contracción, y que el desafío sea sostener el ímpetu de enero durante el año. En lo personal, atribuye su liderazgo a la construcción de equipos alineados a una cultura común. Y cuando habla de legado, evita la grandilocuencia: prefiere que lo recuerden como una buena persona, exigente, que ayudó a otros a dar lo mejor. Para él, ahí se valida la estrategia: cuando un equipo crece y la organización también. Por: Sofía Chávez Tamayo Fotos: Vicente Costales