En la actualidad, los intangibles representan la mayoría del valor de las organizaciones. Según el US Bureau of Economic Analysis, aproximadamente el 90% del valor de una empresa proviene de estos activos, entre los que destaca la reputación corporativa como un elemento estratégico clave. Más que un objetivo, gestionar profesionalmente la reputación debe ser un pilar central del negocio, especialmente en mercados como el ecuatoriano, donde las dinámicas sociales y económicas demandan mayor transparencia y responsabilidad empresarial. Los resultados del Estudio de Reputación Corporativa (ERC®) 2024 de Ipsos e INC Consultores confirman esta urgencia. Hoy, para que las empresas logren reconstruir la confianza con sus grupos de interés, primero necesitan consolidar una reputación sólida basada en atributos como la admiración, el respeto y la transparencia. Este esfuerzo se traduce en un impacto directo en el comportamiento del consumidor: más del 50% de los encuestados en Ecuador considera la reputación de una empresa como un factor clave en su decisión de compra. También te puede interesar: Estudio ERC® 2024: La reputación empresarial en Ecuador enfrenta desafíos en un contexto de crisis y demanda por sostenibilidad Además, el mercado actual —en lo que algunos denominan la economía de la reputación— valora a las empresas no solo por la calidad de sus productos y servicios, sino también por su capacidad para proyectar atributos intangibles como la confianza, la sostenibilidad y el compromiso social. Este contexto exige líderes y colaboradores que gestionen activamente la reputación, particularmente en los espacios digitales, donde las percepciones pueden consolidar o erosionar la relación con los stakeholders en tiempo real. Uno de los hallazgos más relevantes del estudio en Ecuador es el creciente valor que la ciudadanía otorga a las empresas con agendas claras y activas en criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG). Éstos no solo aportan a la sostenibilidad, sino que también se han convertido en una palanca clave para diferenciarse y ganar capital relacional en las comunidades donde operan las organizaciones. Este desafío requiere más que acciones aisladas. Implica un compromiso sostenido con la escucha activa, interpretando constantemente las tendencias, valores y expectativas que evolucionan en las sociedades. Al integrar estas perspectivas en sus estrategias, las empresas no solo generan predisposiciones positivas entre sus stakeholders, sino que también aseguran su relevancia y competitividad en el largo plazo. La gestión de la reputación no es un accesorio superficial ligado a la imagen, sino un imperativo estratégico. Las empresas en Ecuador deben liderar con propósito y transparencia, entendiendo que la reputación corporativa no es solo un reflejo de lo que son, sino la herramienta más poderosa para construir confianza y diferenciación en un mundo que exige cada vez más responsabilidad.