Mientras el turismo nacional compensó parcialmente la caída del visitante internacional, la región enfrentó un escenario adverso por inseguridad, paros y crisis vial. “La conectividad y la vialidad han sido uno de los problemas que más ha disminuido el flujo de turistas”, explica Juan Pablo Vanegas Vintimilla, Presidente de la Cámara Provincial de Turismo del Azuay, quien destaca que Cuenca logró posicionarse como una ciudad segura gracias al trabajo conjunto entre autoridades, gremios y ciudadanía. Ese esfuerzo permitió mantener indicadores bajos de afectación a turistas y reforzar la imagen de destino confiable. También te puede interesar: El pulso del consumo en Cuenca: perfil y distribución del gasto en los hogares La reactivación, sin embargo, fue irregular. Feriados históricamente fuertes, como el de mes de octubre, no superaron el 50% de ocupación cuando solían alcanzar el 95%. La inseguridad nacional y las alertas emitidas por embajadas redujeron el turismo internacional, mientras que el crecimiento de alojamientos informales dificultó obtener cifras confiables. “Hablamos de cuatro mil establecimientos Airbnb que no están registrados; eso afecta la planificación y distorsiona los datos”, advierte Vanegas, quien insiste en la necesidad de observatorios turísticos robustos. La conectividad sigue siendo el mayor obstáculo para consolidar la recuperación. Las vías hacia El Oro, Guayaquil y la Amazonía presentan daños recurrentes que ahuyentan al visitante. En el ámbito aéreo, los precios altos de los vuelos Quito–Cuenca —que superan los USD 200— limitan la demanda. “Bajar las tarifas y mejorar las vías es clave para hablar de una verdadera reactivación”, afirma el presidente del gremio. El dinamismo urbano y la evolución del sector Horeca han dado un giro positivo a la experiencia del visitante. Tras la pandemia, la aparición en Cuenca de rooftops, bares, zonas gastronómicas y una vida nocturna activa —en áreas como Turi, Puertas del Sol o el Centro Histórico— fortaleció la oferta. Además, el turismo de eventos y negocios ganó terreno con actividades deportivas, académicas y matrimonios que impulsan la ocupación hotelera. “Hoy tenemos una ciudad viva, con gastronomía profesionalizada y espacios modernos que atraen a jóvenes y familias”, sostiene Vanegas.