Estas zonas, conocidas como alta mar, representan más de dos tercios del océano mundial y cerca del 95% del volumen total del hábitat marino del planeta. Hasta ahora, carecían de un sistema integral de protección, a pesar de su importancia estratégica para los ecosistemas, la seguridad alimentaria y la regulación del clima. Antes del Tratado de Alta Mar, formalmente denominado Acuerdo sobre la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés), la alta mar estaba regulada de manera fragmentada por convenios sectoriales, lo que dificultaba una protección efectiva frente a amenazas crecientes como la sobrepesca, la contaminación, el calentamiento de los océanos y la pérdida acelerada de biodiversidad. También te puede interesar: Animales que ya no están en peligro de extinción Según datos de las Naciones Unidas, más del 30% de las poblaciones de peces a nivel mundial están sobreexplotadas, mientras que millones de toneladas de residuos plásticos ingresan cada año al océano. A esto se suma el creciente interés por actividades emergentes como la minería en aguas profundas, cuyos impactos ambientales aún no están plenamente dimensionados. El nuevo acuerdo introduce herramientas clave para una gestión más sostenible del océano global, entre ellas: Creación de áreas marinas protegidas en alta mar, con el objetivo de conservar ecosistemas estratégicos y especies vulnerables. Evaluaciones de impacto ambiental obligatorias para actividades humanas con potencial daño a los ecosistemas marinos. Regulación del acceso a los recursos genéticos marinos, incluyendo un reparto más equitativo de los beneficios derivados de su uso científico o comercial. Fortalecimiento de la cooperación científica y la transferencia de tecnología, especialmente hacia países en desarrollo. Estos mecanismos buscan alinear la protección de los océanos con compromisos globales como el objetivo de conservar al menos el 30% del planeta para 2030, una meta acordada en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Fuente: Naciones Unidas.