Miriam, Sara y María, tres de las futuras vecinas de ‘La Morada’, como han bautizado su futura casa común, han explicado que esta fórmula no solo les resulta más económica, sino que también les encaja mejor de cara a un futuro en el que mancomunar cuidados y compartir la vejez. “La mayoría no tiene capacidad de comprar sola ni alquilar porque los precios están por las nubes. Sin el formato pareja tradicional es casi imposible acceder a la vivienda hoy por hoy”, explica Miriam Solá, técnica de igualdad de 40 años que trabaja en la administración local. Para su vivienda, a la que tendrán derecho de uso durante 70 años, esto es, el resto de su vida (la mayoría ronda los 40 años), han dado una entrada de 20.000 euros y pagarán cuotas de aproximadamente 700 euros. “Lo que nos une a todas en ‘La morada’ era buscar estabilidad en un contexto de crisis de la vivienda, pero también la idea de crear un proyecto de vivienda más allá de la familia nuclear y la pareja”, señala Solá. “Las familias tradicionales se han montado sobre la idea de amor romántico, pero la familia acaba siendo una unidad económica de organización básica de la sociedad que se sostiene por la división del trabajo productivo y reproductivo y éste último, como los cuidados, recaen en nosotras. Nosotras queremos algo distinto”, defiende. Sara Barrientos, terapeuta, de 42 años, cuenta que está cansada de ser expulsada de distintas viviendas en Barcelona por los precios del alquiler. Ahora espera encontrar un lugar de estabilidad donde vivir en comunidad y donde los vecinos sean más que vecinos. “Los que no tenemos pareja e hijos buscamos otros modelos para cuidar y ser cuidadas. Un lugar donde compartir las gestión de lo doméstico y también el apoyo emocional”, apunta. Para facilitar ese modelo de convivencia, explican, el edificio tiene apartamentos de distinto tamaño e incorpora en una de las plantas un ‘cluster’, una comunidad dentro de la comunidad formada por diversas unidades de convivencia que comparten más espacios comunitarios. “Buscamos poder vivir en un lugar con menos soledad y más cariño”, añade María Berzosa, de 40 años, técnica informática, que destaca el hecho diferencial de la reunión feminista y LGTBI en su proyecto de vivienda respecto a otros de vivienda cooperativa. En Cataluña, principalmente en Barcelona, se han aprobado en los últimos años cesiones de suelo para los proyectos de cooperativa de vivienda dentro de los programas de promoción del acceso a la vivienda. Aunque estas fórmulas, señalan, son todavía desconocidas para la mayoría de personas. También te puede interesar: Mujeres más influyentes e inspiradoras de América del Sur en 2022 Prueba de ello es que su proyecto fue el único que se presentó a la convocatoria abierta para la cesión de suelo que llevó a cabo la Fundación Dinamo, que tenía la titularidad del espacio ubicado en la plaza de las Mujeres de Nou Barris. “Sí, el nombre parece hecho para nosotras”, comenta entre risas Solá. Y es que Barcelona es el buque insignia, cuenta Miriam, de este tipo de cesiones de suelo y proyectos de vivienda. Pero demandan mayores esfuerzos de las administraciones para crear un ecosistema de vivienda más accesible y menos basado en la propiedad, el mercado y la especulación. Fuente: EFE