Y es que la minería y el clima están estrechamente interconectados, pues el sector es un importante contribuyente a emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), particularmente cuando se toman en cuenta las emisiones de Alcance 3 (que provienen de la cadena de valor de una compañía y no están bajo el control de esta) y en ausencia de cadenas de valor de reciclaje eficientes y modelos de economía circular; está claro que la transición energética creará una demanda adicional para metales y minerales. Es por eso, que muchas compañías mineras se están posicionando para aprovechar la oportunidad de hacer un cambio en su modelo de negocio y trabajar por crear una “minería verde”. El compromiso está latente, de hecho, el Consejo Internacional sobre Minería y Metales (ICMM, por su siglas en inglés) ha trazado la meta de que las compañías a gran escala miembros del sector lleguen a ser cero emisiones netas de Alcance 1 (directas) y 2(indirectas) para 2050. Sin embargo, la reducción de emisiones GEI es sólo un elemento para garantizar un transición y una respuesta responsable al cambio climático por parte de la industria minera,. Existen otros desafíos que también se deben tomar en cuenta para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Bajo este contexto, no cabe duda que si la actividad minera se alinea a los ODS, mitigará significativamente los impactos locales contra el medio ambiente y las comunidades en las que opera. Informes de la Responsable Mining Foundation resaltan algunos retos que el sector minero aún tiene por trabajar para ejecutar una actividad responsable.