Por: Mgs. Juan Pablo López Proaño La buena administración del conocimiento trae como consecuencia la efectiva aplicación de la memoria organizacional. En primera instancia, se pueden apreciar los beneficios inmediatos de la administración del conocimiento tales como un acceso más rápido al conocimiento e información, así como una mejor transferencia de ellos; esto a su vez permite una mayor rapidez para la solución de problemas, así como una minimización en la duplicación de funciones; y, como consecuencia de lo anteriormente mencionado, la organización obtiene beneficios tales como mejores índices de productividad y mayor capacidad para innovar. Resulta oportuno también señalar que, en la era industrial, las máquinas fueron un activo escaso y las personas se consideraron como activos intercambiables; como consecuencia de esto, el conocimiento de los trabajadores es un recurso escaso moviéndose libremente entre las empresas, lo que presenta un nuevo reto para el conocimiento organizacional. El activo dominante de estas empresas es precisamente el conocimiento y se encuentra inherente en las personas. Si las personas no se sienten a gusto, están desmotivadas, o reciben pocos ingresos, este precioso activo intelectual se pierde. Las organizaciones deben estar claras que cuando las personas se van, el conocimiento también se va con ellas. La administración del conocimiento se ha convertido en los últimos años, en el foco de atención de las organizaciones a fin de capitalizar de forma más eficiente los recursos en conocimientos que esta tiene y genera; consiste en actividades enfocadas a la ganancia de conocimiento de su propia experiencia y de la experiencia de otros, y sobre la juiciosa aplicación de este conocimiento para alcanzar la misión de la organización. Estas actividades se ejecutan por la unión de tecnología, estructura organizacional y estrategias para aumentar el conocimiento ya existente y producir nuevo. Lo anterior es utilizado para aprender, resolver problemas y como apoyo en la toma de decisiones. En el mundo actual de los negocios, las empresas son diferentes por lo que conocen, por lo que saben hacer y por materializar esos conocimientos y no por la maquinaria y recursos materiales. Actualmente las organizaciones se encuentran inmersas en un ambiente de competencia que les han exigido un crecimiento en todos los campos y que a su vez les ha permitido expandirse a nivel regional, nacional e incluso internacional; esto ha ocasionado que el proceso de compartir el conocimiento y las experiencias entre los empleados se vuelva una herramienta necesaria al momento de enfrentar este crecimiento. Sin embargo, el error más común entre las empresas es que tienen la mayoría de ese conocimiento disperso y no cuentan con una estructura ni sistema de almacenamiento adecuado para que sea utilizado fácilmente por todos los miembros de la organización. En general, el contenido de la memoria organizacional va desde lo documentado (información general de la empresa, reportes de compras, inventarios, políticas de contratación de la empresa, manuales de procedimientos, archivos de computadora) hasta lo no documentado (experiencias, formas de pensar, actitudes sobre la toma de alguna decisión, opiniones, anécdotas) que forman el acervo cultural, conocimientos y experiencias de los miembros de la empresa. Precisando de una vez, el contenido de la memoria organizacional se utiliza para aprovechar las experiencias del pasado y aplicarlas a las situaciones del presente, repitiendo las buenas acciones y a la vez, evitando caer en los mismos errores. Adicionalmente, refuerza a los directivos para mantener la gestión estratégica, ayuda a la organización a aprovechar soluciones pasadas para atacar nuevos problemas, esto en razón que en la mayoría de casos resulta complicado a las personas recordar lo que fue hecho por otros, el nuevo conocimiento generado por los individuos de la empresa puede ser almacenado para uso posterior y facilita el aprendizaje organizacional. Por último, y desde la perspectiva de este artículo, la memoria organizacional es una estrategia que permite a toda empresa identificar, adquirir, crear, clasificar, almacenar, proteger, aplicar, actualizar, transferir y medir el conocimiento con la finalidad de generar ventajas competitivas sostenibles en el tiempo.