Durante décadas, el cáncer ha cargado con un peso simbólico que muchas veces antecede incluso al diagnóstico. Jorge Cevallos quiere transformar ese significado. Desde la presidencia de SOLCA Núcleo de Quito, cargo que ocupa desde hace ocho años, su apuesta no se limita a incorporar tecnología o fortalecer procesos: busca reposicionar a la institución y, con ella, transformar la conversación social sobre la enfermedad. “La gente reconoce a SOLCA como cáncer”, dice. “Nosotros queremos cambiar esa figura”. La frase que resume esa visión es su lema institucional: “Juntos somos esperanza de vida”. Treinta años de vínculo con la institución Jorge Cevallos conoce SOLCA Núcleo Quito desde hace cerca de 30 años. Su recorrido comenzó como miembro del Consejo Directivo, siguió en las distintas comisiones de administración, pasó por la sindicatura y luego por la vicepresidencia. El salto final llegó cuando el general Solón Espinosa Ayala dejó la presidencia después de 39 años. Entonces, Cevallos asumió el liderazgo de la institución. El momento coincidió con una transición profesional propia: al dejar su calidad de socio en Pérez Bustamante & Ponce y pasar a una función de of counsel, pensó que podría repartir mejor su tiempo. La realidad fue otra. “SOLCA necesita atención de tiempo completo”, afirma. Tecnología, estructura y una meta regional Una parte central de su gestión ha estado enfocada en modernizar el hospital. SOLCA Núcleo Quito; reemplazó todos sus aceleradores lineales y avanza en la adquisición de dos nuevos. Además, consolidó un Centro de Medicina Nuclear Molecular de última tecnología, dispone de ciclotrón propio para producir radiofármacos de diagnóstico y trabaja para incorporar radiofármacos de tratamiento. También cuenta con un PET-SCAN de vanguardia y con un laboratorio clínico que, según Cevallos, está entre los más avanzados del país, con capacidades en secuenciación molecular, genética, microbiología y citometria de flujo. “Podemos ofrecer tratamiento de cáncer al nivel de hospitales de EE.UU. o Europa. Tenemos médicos capacitados, equipos de última generación y la tecnología que se requiere”. Pero el objetivo del Consejo Directivo es aún más ambicioso: convertir a SOLCA Núcleo Quito en el hospital oncológico de referencia de América Latina. Para avanzar hacia esa meta, la institución dejó atrás un modelo piramidal y adoptó una estructura de gestión más horizontal, respaldada por un manual administrativo y por una planificación estratégica con seguimiento continuo. “La meta está fijada, pero el rumbo a veces necesita un golpe de timón”. Financiar el crecimiento bajo presión Si bien existen áreas de atención que no son autosostenibles y representan un desafío financiero para la institución, SOLCA compensa este impacto mediante el aporte del impuesto a nivel nacional y el fortalecimiento de servicios orientados a pacientes privados. En este contexto, se han desarrollado áreas enfocadas en brindar una atención diferenciada y de calidad para este segmento, como el ala de Habitaciones Ejecutivas. Este enfoque estratégico ha permitido también impulsar la expansión de la institución, reflejada en la construcción de nuevos hospitales en Ibarra y Santo Domingo que tiene como objetivo acercar los servicios oncológicos y no oncológicos, garantizando una atención oportuna a los pacientes de cada provincia. Su equipo de trabajo, El motor real de solca Jorge Cevallos insiste en que el activo más importante de SOLCA Núcleo Quito no está solo en la infraestructura, “el motor de la institución es el talento humano; reconocemos el trabajo y el esfuerzo de cada uno de nuestros colaboradores”, afirma. Por ellos, para fidelizarlo, la institución contrató una consultora que comparó las remuneraciones con el mercado y, tras ese análisis, ajustó salarios a algo más del 40% de sus colaboradores. A ello se suman beneficios como transporte desde el domicilio al hospital, almuerzo y un seguro médico privado. También existen espacios de bienestar que van desde clubes de andinismo y ciclismo hasta teatro, pintura, entre otros. Aprender a tomar decisiones, una lección que no olvida Su estilo de liderazgo combina cercanía con exigencia. Jorge Cevallos se define como una persona firme, pero no impositiva: escucha, acepta críticas y corrige cuando reconoce que se ha equivocado. Para él, liderar no solo implica acompañar y estar presente, sino también tener la capacidad de tomar decisiones. Esa convicción se consolidó durante sus años como abogado, a partir de una anécdota que marcó su forma de actuar. Ante un problema complejo, acudió a su jefe en busca de orientación. La respuesta fue tan gráfica como contundente: abrió un cajón, sacó dos huevos de mármol y se los mostró. El mensaje fue claro: un líder debe tener la firmeza necesaria para decidir. Desde entonces, Cevallos se guía por esa lógica. Revisa, analiza y da vueltas a los asuntos, pero al final decide y actúa. Esa manera de liderar también se refleja en su gestión cotidiana. En una institución donde el dolor atraviesa la rutina, cree que no basta con dirigir desde el escritorio. “No soy de las personas que cogen el teléfono, me levanto y voy”. Camina por los pasillos, conversa con el equipo y procura que el paciente no sea tratado como un número más. Para él, la empatía es indispensable en un sector tan delicado como la salud. “Uno debe entender el dolor de la enfermedad y, entendiendo ese dolor, buscar la manera de apaciguarlo, de acompañar al paciente o a sus familiares”. Su hogar como ancla Fuera del hospital, el equilibrio no pasa por desconectarse por completo. “Nunca me he desconectado; soy 24/7”, admite. Lo que sí tiene es “tranquilidad en casa, tengo un hogar estable y una buena mujer”. Habla de su esposa con humor y afecto intactos. “Es la mujer de mi vida”, afirma. Se enamoró de ella a los 11 años, cuando la vio en casa de su abuela. Ella era dos años mayor. Durante años insistió, volvió, esperó, hasta que la historia finalmente prosperó. Hoy, suman 55 años de casados. Tiene cuatro hijas y cuatro nietos. Ese hogar estable, dice, es lo que le permite sostener la intensidad del trabajo. También lee de forma incesante. Sigue usando periódico en papel, revisa noticias digitales a lo largo del día y escucha varios noticieros para contrastar versiones. Integridad como legado Cuando piensa en el legado que quisiera dejar, Jorge Cevallos no menciona edificios ni cargos. “Me sentiría contento si dejo un buen ejemplo. Tal vez el ejemplo que quisiera reflejar es la integridad”. La define sin adornos: no desviarse del camino, no dejarse seducir por “cantos de sirena o por lingotes de oro”, mantener el rumbo recto. En su caso, sin embargo, el legado parece tener dos capas. Una personal, ligada a la integridad. Y otra institucional, quizá más visible: contribuir a que una organización emblemática del país deje de estar asociada únicamente al miedo y se convierta, cada vez más, en sinónimo de esperanza de vida. Por: Dominic Burgos Alemán Fotos: Vicente Costales