El sector cooperativo financiero enfrenta uno de sus momentos más decisivos. Edgar Peñaherrera, Gerente de la Red de Integración Ecuatoriana de Cooperativas de Ahorro y Crédito (ICORED), analiza los aprendizajes de 2025, los riesgos y oportunidades para 2026, y el rol estratégico del cooperativismo en la inclusión financiera y la estabilidad económica del país. ¿Cómo evalúa el desempeño del sector cooperativo en 2025? 2025 fue un año complejo. Además de una economía que no despega, el cooperativismo enfrentó una amenaza institucional sin precedentes: la idea de convertir cooperativas en sociedades privadas, bajo el argumento erróneo de falta de regulación. Esto puso en riesgo a más de seis millones de socios. La reacción del sector fue clave: se unió, defendió su naturaleza y abrió un espacio para un diálogo técnico más sólido con el Estado. ¿Qué escenario prevé para el sector cooperativo en 2026? Si bien no se espera un año de bonanza, el sector ha mostrado resiliencia. En 2025, pese a la baja demanda de crédito y a la limitada capacidad de pago, la cartera creció más del 3%. La alta liquidez presionó a la baja las tasas pasivas y obligó a pagar menos por los depósitos. En 2026, el reto será crecer con prudencia y sin deteriorar la salud financiera. También te puede interesar: Especial Cooperativas y Mutualistas ¿Qué variables serán clave en captaciones, crédito y morosidad? Todo dependerá de la reactivación económica. Con crecimiento, podría mantenerse una alta liquidez y aumentar las captaciones, pero para que crezcan las colocaciones se necesita confianza. Es clave fortalecer la cultura de pago y evitar mensajes políticos como condonaciones. Si la economía se dinamiza, la morosidad podría reducirse; de lo contrario, algunos alivios financieros podrían revertirse en riesgo. ¿Cuál es la visión de ICORED para fortalecer al sector en 2026? Desde ICORED, la apuesta es sostener la identidad cooperativa con eficiencia, integrando innovación y supervisión técnica para proteger el ahorro de los socios. El control debe ser constante y oportuno: firme ante incumplimientos y promotor de buenas prácticas. Más cooperativas fuertes significan más inclusión, menos prestamistas ilegales y más crédito seguro para familias rurales y pequeños negocios. Además, cooperativas ordenadas aportan estabilidad en un entorno de inseguridad.