Esto implica hacer de la innovación una serie de actividades, acciones o toma de decisiones interrelacionadas, orientadas a obtener un resultado específico. En lo expuesto se observa cómo proceso y cultura son vectores indispensables que convergen complementariamente, como las piezas de un rompecabezas. Así, una empresa que haya fomentado suficientemente el desarrollo de una cultura innovadora (valores, creencias y normas dedicados a la innovación) pero que haya descuidado el diseño e implementación de un proceso de innovación adecuadamente estructurado, fracasará en el empeño. De modo recíproco, aunque una compañía cuente con un proceso eficazmente estructurado de innovación (y coherente con la estrategia) pero que sus empleados carezcan de una vocación y orientación hacia la innovación, no puede lograr los resultados que de ésta se esperan. No se puede olvidar que no son las empresas sino las personas las que innovan. Cada concepto propuesto en este artículo debe ser desglosado en sus componentes, en orden a dar forma a un esquema completo organizacional, dirigido a hacer de la innovación un instrumento de creación de valor. En resumen, la instalación de un proceso de innovación, en un entorno de cultura innovadora, puede y debe dar como resultado un flujo de innovaciones que responda al conocimiento que la empresa tenga de los deseos de los clientes: un nuevo producto (para el mundo o para la empresa), un servicio diferente único, un nuevo modelo de gestión o de producción, etcétera. De ese modo es más factible una comercialización fructífera de la innovación lanzada al mercado. Resultado = Innovación x intensidad de uso.Por _ Fabián Proaño N. | faprote7@yahoo.es