Durante su intervención en la Cumbre de Sostenibilidad ESG 2025, Marcela Ponce, Líder de Servicios de Asesoría de Finanzas Climáticas de la Corporación Financiera Internacional del Grupo Banco Mundial, subrayó que “la innovación sostenible no solo es una herramienta técnica, es una necesidad estratégica para las economías que buscan crecer con responsabilidad ambiental”. En un contexto donde América Latina cuenta con ventajas naturales significativas como el acceso a fuentes renovables y la abundancia de minerales clave para la transición energética, la región tiene una oportunidad histórica para liderar nuevos modelos de producción y consumo. Marcela también destacó el crecimiento de las inversiones sostenibles en la región: “En 2023, el 35% de las emisiones de deuda en América Latina fueron sostenibles, sociales o vinculadas a la sostenibilidad. En algunos países, como Brasil, casi el 50% de las emisiones soberanas tienen ya este enfoque”. Este cambio responde a una reconfiguración global de los mercados, donde las finanzas verdes y los bonos temáticos se consolidan como instrumentos preferentes de inversión. Sin embargo, advirtió que aún persisten desafíos estructurales, como el bajo nivel de inversión en investigación y desarrollo en la región ya que apenas el 0,3% del PIB frente al 2% en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). “Necesitamos involucrar más al sector privado. La innovación no puede depender únicamente del sector público. El ecosistema empresarial tiene que participar activamente para cerrar esta brecha”, afirmó. A pesar de ello, valoró los avances en países como Ecuador, donde ya se han emitido bonos azules y se impulsa la economía circular desde sectores como la manufactura y la construcción. Finalmente, Marcela recalcó que la economía circular representa un nuevo paradigma económico, en el que los residuos se transforman en insumos, se prolonga la vida útil de los productos y se crean nuevos mercados. “No se trata solo de reducir impactos, sino de rediseñar modelos productivos que generen valor compartido. La economía circular puede sumar hasta USD 4,5 billones anuales a la economía global si se implementa a gran escala”, concluyó.