2026 se perfila como un año bisagra para la industria ecuatoriana. Tras el rebote del año pasado, el reto es convertir la recuperación en un crecimiento estructural. El sector ve oportunidades —mayor liquidez, reservas en niveles históricos y exportaciones dinámicas—, pero también riesgos que presionan la competitividad, como son la energía, la seguridad, la informalidad y el costo país. Las líderes de la CIP y la CIPEM coinciden en que harán falta decisiones de política pública e inversión privada para sostener el crecimiento. La industria enfrenta en 2026 un desafío estructural: reducir el costo país “La oportunidad más clara no es producir de todo, sino especializar y escalar”. María Paz Jervis señala que 2026 podría ser favorable para la industria si se sostiene la confianza: hay más liquidez, reservas récord y mejor desempeño exportador, especialmente no petrolero, además de mayores opciones de financiamiento internacional. Pero el crecimiento dependerá de gestionar el déficit eléctrico, estabilizar la producción petrolera y mantener el crédito, en un entorno donde las remesas podrían estancarse. La ejecutiva señala que el mayor freno es estructural: el costo país —regulación, rigidez laboral, inseguridad física y energética— resta competitividad. Jervis advierte que el riesgo energético sigue latente y recuerda que los racionamientos de 2024 restaron más de 1,4 puntos del PIB al crecimiento. Con la inseguridad como “impuesto” y barreras a la formalización, 2026 es clave para una agenda de competitividad con energía firme, reglas claras y consolidación fiscal enfocada en inversión. También te puede interesar: El país cerró 2025 con crecimiento, pero sin impulso suficiente para transformar su economía Vender más no garantiza mayor rentabilidad para la industria Por el lado de la Cámara de Industrias, Producción y Empleo (CIPEM), Sofía Arce indica que 2025 fue positivo para varios sectores, especialmente agroindustria y alimentos, pero con fuerte presión sobre márgenes: más ventas no significaron más utilidades por el alto costo de producir en Ecuador. Para 2026, la CIPEM prevé un crecimiento moderado de 1,6% a 2%, condicionado a evitar una nueva crisis energética y un deterioro de la seguridad. Arce advierte que la informalidad crece mientras los controles se concentran en las empresas formales, elevando costos y frenando inversión. También señala que la inseguridad ya impacta la logística, con casos de asaltos en rutas clave y riesgos para el transporte de materias primas y exportaciones. La agenda de competitividad, dice, pasa por eficiencia energética, digitalización, uso de inteligencia artificial y formación técnica, con énfasis en la formación dual para elevar productividad y empleabilidad.