Las tiendas se han preparado anteponiendo las medidas de higiene en probadores, las fundas o paquetes a usar, la limpieza de la ropa, los métodos de pago, etc. Asimismo, aunque buena parte de la colección primavera/verano se dá ya por perdida, necesitarán dar salida a los enormes stocks a través de promociones y rebajas. También es prioritario el esfuerzo por recuperar el ritmo de la cadena de suministro, fomentando el trabajo conjunto de proveedores y socios comerciales. A nivel estratégico interesa saber dónde se centran las reflexiones más profundas del sector y qué aspectos son considerados por la industria como oportunidades de cambio y mejora. En primer lugar, la situación actual afecta a la propia existencia o al tamaño de las compañías y en el camino se deben buscar soluciones. En ese sentido se espera que: Unas tendrán que cerrar inexorablemente. Otras deberán ajustar sus gastos e inversiones para agilizar los procesos de sourcing aprovisionamiento y compra de materiales, etc. Diseño y reducción de stocks. Por otra parte, la reestructuración de la red de venta al por menor conducirá de forma ineludible hacia la transformación 100 % digital. El incremento del comercio electrónico –con la mejora de los procesos logísticos a través de la robotización y la inteligencia artificial– y la modificación del rol de la tienda física serán otros de los cambios que veremos próximamente. Se atisba el cierre inminente de bastantes pequeñas tiendas en favor de otras más grandes: las flagship stores o tiendas insignia. Estas proporcionan al cliente una experiencia 360 grados a través de la omnicanalidad, es decir, la interacción mediante diferentes canales tanto de manera física como online. El nuevo consumidor Ante un panorama como el descrito, cada vez más consumidores se cuestionan si otra moda es posible y si cabe en el futuro una nueva forma de relacionarse con la ropa. Entre las alternativas que no pocas marcas han empezado a ofrecer a sus clientes se encuentran una producción de calidad que incremente la durabilidad de las prendas –según Toni Ruiz, consejero delegado de Mango–, diversas posibilidades de cocreación, la customización, el alquiler de ropa, etc. Los departamentos de marketing también deberán transformar sus estrategias para no centrarse tanto en el “te voy a vender” como en el “te voy a escuchar y entender”. Las personas reclamarán menos presión y más atención. Esta necesidad de mejorar la escucha a empleados y clientes pondrá a prueba a las empresas de moda, que conocerán mejor cómo son percibidas por su público e interpelará su capacidad de adaptación a dichos requerimientos. Por otra parte, algunos retailers (minoristas), están convencidos de que el mundo de confort en que vivimos los países del norte cambiará en favor de un consumo más responsable y selectivo que reduzca la superproducción y ponga el foco en las personas, incrementando los servicios. Otros piensan en cambio que es probable que volvamos a comprar de una manera masiva, algo que se verá especialmente favorecido por la guerra de precios que seguramente se desate al finalizar del confinamiento. La industria vive, en definitiva, una oportunidad de cambio creativo para ofrecer nuevos valores y servicios a sus clientes, relanzando la esencia y propósito de cada marca en conexión con los objetivos estratégicos señalados. Fuente: The Conversation