Ansiedad, enojo, frustración… Seguramente en algún momento te has sentido abrumado por estas emociones, cuando los planes que tenías para tu vida no salieron como esperabas. La empatía, esa capacidad de entender y compartir los sentimientos de los demás, parece ser un recurso escaso en nuestra sociedad. No debería ser algo difícil de comprender o de poner en práctica, pero parece que algunos aún no la han desarrollado o carecen del interés por practicarla. Todos somos vulnerables en algún momento, pero a menudo nos encontramos con la falta de comprensión de quienes nos rodean. Tal vez te estés preguntando porqué una abogada como María Isabel habla de salud mental. Ser abogada no me limita a explorar nuevos horizontes. A través de mi programa digital, “Una Plática Ligera con María Isabel”, busco derribar los estigmas sobre la salud mental. Es crucial que las personas sepan cómo manejar sus emociones en situaciones complejas y que sepan reconocer cuándo necesitan ayuda profesional. A mi corta edad, hoy tengo 34 años, pero me considero joven, llena de alegría, de vitalidad y he aprendido a identificar lo que me hace mal y lo que me hace bien. ¿Sola? No, no lo he hecho sola, lo he logrado con el apoyo de mi familia y de profesionales de la salud mental. Atravesé situaciones difíciles que no sabía cómo enfrentar. Fue un proceso duro que a la brava me hizo entender la mujer que soy. Soy una mujer valiosa, una mujer que con mucha valentía superó situaciones muy dolorosas, y que hoy, solo agradezco. También te puede interesar: Prevención al cáncer de ovario: un enfoque vital para la mujer ejecutiva Comentando la experiencia personal, un líder no solo instruye o brinda directrices, sino que también inspira confianza y se gana la confianza de su equipo. Muchos colaboradores enfrentan presiones tanto en el trabajo como en su vida personal. En esas situaciones, un líder puede marcar la diferencia al acercarse y preguntar: “¿Cómo puedo ayudarte?” Cuando alguien está pasando por momentos difíciles, a menudo solo necesita ser escuchado sin juicio y recibir palabras de aliento. Recordemos que cada uno de nosotros lleva consigo una historia y un deseo de ser comprendido. Así que, ¿por qué no extender una mano amiga en lugar de un juicio? La empatía no solo transforma la vida de quienes la reciben, sino también la de quienes la practican. Por: Abogada María Isabel Cisneros