La finca de Fabián Vargas, más asemejada a un laboratorio que a una explotación ganadera convencional, destaca por sus innovadoras prácticas. Mediante la utilización de microorganismos de bosque activados con salvado de arroz, suero de leche y miel, junto con la rotación de pastos de porte alto y la presencia de lombrices, Vargas ha logrado transformar el estiércol de sus animales en un abono altamente valorado en la región. Esto ha resultado en ahorros significativos en antibióticos y pesticidas, así como en un aumento notable en la producción de leche, sin comprometer la biodiversidad de su finca.También te puede interesar: ¿Cuál es el impacto de los alimentos reciclados? Una de las claves del éxito de Vargas radica en la subdivisión de su finca en parcelas más pequeñas, respetando las cuencas hídricas y fomentando la arborización. Esta estrategia, que contrasta con la práctica común entre ganaderos locales, evita la compactación del suelo debido al pisoteo constante del ganado, preservando así la calidad del terreno a largo plazo. Además, la mayor densidad de animales por hectárea ha permitido un uso más eficiente de la tierra, triplicando la producción lechera sin necesidad de incrementar la superficie ganadera. El camino hacia la ganadería regenerativa no fue fácil para Vargas, quien inicialmente se enfrentó a desafíos conceptuales y prácticos. Sin embargo, su perseverancia y el apoyo de un profesor que le reveló los secretos de la gestión sostenible del campo fueron fundamentales para su transformación. Fuente: El país