El consecuente aumento de los precios de materiales como el cobalto y el níquel crearía un período de prosperidad para las principales economías que los exportan, pero la escalada de precios podría durar hasta finales de esta década y descarrillar o retardar la propia transición energética. Los precios de los metales industriales, fundamentales para la economía mundial, ya han registrado un importante repunte pospandémico conforme se han ido reabriendo las economías. Los últimos estudios del FMI, como la edición de octubre de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés) y un nuevo informe del personal técnico del FMI, ahondan sobre los probables efectos de la transición energética en los mercados de metales y sobre el impacto económico para productores e importadores. Por ejemplo, el precio del litio, que se usa para las baterías de los vehículos eléctricos, podría subir de su nivel de 2020 de aproximadamente USD 6.000 por tonelada métrica a alrededor de USD 15.000 por tonelada métrica a finales de esta década, y permanecer en niveles elevados durante la mayor parte de la década de 2030. Los precios del cobalto y el níquel también registrarían alzas similares en los próximos años. Escenario de cero emisiones netas El análisis se centró concretamente en la meta de limitar los aumentos mundiales de la temperatura a 1,5 grados centígrados, lo cual exigiría una transformación del sistema energético que podría elevar considerablemente la demanda de metales en la medida en que las tecnologías de bajas emisiones —energía renovable, vehículos eléctricos y captura de hidrógeno y carbono— usen más metales que los combustibles fósiles. Se enfocaron en cuatro metales importantes de varios que se están usando para la transición. Se trata del cobre y el níquel, dos importantes metales tradicionales que se han cotizado en bolsa durante décadas, y el litio y el cobalto, de menor pero creciente importancia, que se cotizan en bolsa solo desde hace poco, pero que están ganando en popularidad dada su importancia para la transición energética. El rápido ritmo de cambio necesario para cumplir con las metas climáticas, como el descrito en la hoja de ruta de la Agencia Internacional de Energía (AIE) para llegar a cero emisiones netas en 2050, implica una escalada de la demanda de metales en la próxima década. En el escenario de amplio alcance de la AIE, el consumo de litio y cobalto tiene que aumentar más de seis veces para cubrir las necesidades de las baterías y otros usos de energía limpia. El uso del cobre se duplicaría y el del níquel se cuadriplicaría, aunque esto contempla necesidades no relacionadas con la energía limpia. Precios de los metales Mientras que la demanda de metales podría dispararse, la oferta tiende a reaccionar de forma lenta a las señales de precios, lo cual en parte depende de la producción. El cobre, el níquel y el cobalto se extraen de minas, con procesos que requieren fuertes inversiones y que, según la AIE tardan en promedio más de una década en pasar del descubrimiento a la producción. En cambio, el litio suele provenir de manantiales minerales y salmueras, y se extrae bombeando agua salada subterránea. Esto acorta los tiempos de gestación de la nueva producción a un promedio de aproximadamente cinco años. Las tendencias de la oferta también dependen de las innovaciones en las tecnologías de extracción, la concentración del mercado y las regulaciones ambientales. Sumada a los lentos cambios en la oferta, la escalada de la demanda puede empujar los precios al alza. De hecho, si la minería tuviera que satisfacer el consumo en el escenario de cero emisiones netas de la AIE, el reciente análisis del personal técnico muestra que los precios podrían alcanzar máximos históricos durante un lapso sin precedentes, y esos aumentos de los costos podrían incluso retardar la propia transición energética. Lea el informe completo en el siguiente enlace: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=16557 Fuente: FMI