A pesar de los momentos difíciles que ha vivido el país, hemos salido adelante y esto, en gran medida, ha sido gracias al sector empresarial. Sin irnos mucho al pasado, solo en las últimas décadas ha sido un privilegio evidenciar la evolución la empresa en el país. Dentro de las empresas que hoy en día tenemos el gusto de ver cómo entidades prestigiosas, la gran mayoría empezó como historias de emprendimientos, ya sea locales o internacionales. Independientemente de su origen, todos presenciamos cómo estas grandes entidades entendieron que no solo les bastaba con su gran olfato emprendedor: todas iniciaron importantes procesos acelerados y continuos de profesionalización y modernización, rápidamente se fueron incorporando las mejores prácticas y tecnologías en todas las áreas de la gestión organizacional. Significativos avances en áreas como finanzas, marketing, operaciones, factor humano, entre otras, permitieron que estas empresas tomaran cada vez más el tinte de instituciones estructuradas, formales y modernas. También te puede interesar: Ecuador ante el cambio salarial: retos, sectores dinámicos y brechas persistentes Sus respectivos directivos y funcionarios, convencidos de que no solo bastaba con conocimientos y tecnología, retomaron rápidamente un camino sin retorno hacia el manejo institucional con una visión estratégica. Ha sido gratificante evidenciar que las empresas cada vez tienen más modelos estratégicos dignos de ser estudiados y admirados. Posteriormente, uno de los aspectos que ha contribuido a este importante cúmulo de aciertos ha sido, sin duda, la concientización sobre la relevancia de las soft skills o habilidades blandas, la comunicación, el manejo de equipos en entornos cambiantes, el pensamiento crítico, el liderazgo, la empatía, entre otras. Todas ellas han generado en las empresas un ambiente de vida, más allá de ser solo modelos mecanicistas. Estas empresas representativas del país son modelos vivos, hechos de personas para personas. Finalmente -y en lo personal como ecuatoriano-, considero que lo más gratificante es ver que el sector empresarial del país, cada vez más, presenta una visión virtuosa, empresarial, consiente de su importancia en la sociedad. Es una visión que no solo busca un justo retorno económico, sino que en muchas ocasiones antepone un propósito virtuoso. Realmente es un orgullo ver y ser parte del sector empresarial ecuatoriano.