La nueva normalidad ha traído una cantidad de cambios de paradigmas en el entorno en que vivimos: en las relaciones familiares, personales, académicas y, por supuesto, también en las comerciales. Los primeros dos años de la pandemia por el covid-19, nos han mostrado un importante desarrollo en el mundo empresarial, científico y tecnológico, pero también han vislumbrado realidades sociales y ambientales que, posiblemente, no estaban en el radar de algunas organizaciones. Por un lado se evidenció una profundización digital, pero, a su vez, se experimentó la dificultad en el acceso a tecnología e Internet en ciertos segmentos de la sociedad; evidenciamos la agilidad de un mercado laboral globalizado, pero vemos la latente necesidad de resolver los problemas de diversidad e inclusión en el mundo laboral, así como la escasez de plazas de trabajo; vemos como la medicina avanza a pasos agigantados desarrollando vacunas a un ritmo vertiginoso, pero también vemos las limitaciones de los sistemas de salud pública. En medio de este contexto, complejo, cambiante e incierto, aparecen los criterios ESG (medioambiental, social y gobernanza, por sus siglas en inglés) como una opción para que las organizaciones se proyecten en el nuevo milenio. El camino es claro: las empresas que atiendan sus necesidades actuales sin comprometer a las generaciones futuras, respondiendo a las expectativas del mercado, serán las elegidas por los clientes, consumidores inversores y empleados; y las que puedan acceder a fuentes de financiamiento preferente y a otros beneficios.Este es el fundamento de las empresas del nuevo milenio: aquellas que proyectan su sostenibilidad a través de la generación de valor en el largo plazo, siendo responsables con el ambiente y la sociedad. Hacia una revolución ESG: ambiental, social y de gobernabilidad Los criterios ESG están orientados a determinar el valor de una organización y el impacto que está generando. Se agrupan en tres categorías: Ambiental (Environmental), Social (Social) y Gobernanza (Governance). Permiten responder a riesgos y oportunidades en áreas no financieras, principalmente, para definir estrategias y sus respectivas mediciones relacionadas a la sostenibilidad, impacto social y ético de una organización. ESG nace de una necesidad. La manera tradicional de medir una organización es a través de su desempeño financiero, no obstante, los inversores empezaron a preguntarse si la forma en cómo se logran los resultados financieros respetaban los derechos laborales, si existe una producción responsable de los productos y servicios, si el impacto ambiental de la operación está controlado, etc. A través de incorporar ESG en la ecuación de análisis, los inversores pudieron evaluar de forma integral a las organizaciones. En su forma más simple, ESG proporciona un marco general para considerar el impacto y las dependencias de una empresa en el medio ambiente y la sociedad, así como la calidad de su gobierno corporativo. Si bien no hay un modelo estandarizado de ESG, diferentes organizaciones han definido una cantidad de criterios que permiten establecer las áreas de acción como se muestra a continuación: ➤ Conoce más en nuestro libro digital empresas con triple impacto Por: Patricio Ramón, Juan Carlos Guerra, Iván Triviño, José Navas y Ana Cristina Rivera, especialistas en ESG de PwC Ecuador.