La ecoansiedad está cada vez más presente en nuestra sociedad. Aunque no se considera un trastorno mental como tal, representa una respuesta emocional real frente a la crisis climática global, que afecta a todos, pero sobre todo a ciertos grupos poblacionales especialmente sensibles a estos cambios, como los jóvenes, las madres, o las comunidades indígenas que experimentan de forma directa los efectos del deterioro ambiental. María Auxiliadora Salvatierra, Vicepresidente de Gestión Humana de Veris, resaltó la importancia de reconocer esta problemática para humanizar la crisis ecológica. Desde su punto de vista, hablar de cómo el cambio climático está afectando la salud mental de las personas es fundamental para comenzar a encontrar soluciones. “Que el miedo y la angustia no te paralicen, sino que te movilicen. Empieza de a poco y sé responsable”, afirmó. En este sentido, es clave entender que la ecoansiedad puede transformarse en una poderosa herramienta de cambio si logramos canalizarla adecuadamente. Para ello, el primer paso es la educación y la acción basada en evidencia. Andrés Sarsoza, especialista en Ambiente y Desarrollo de CERES, subrayó que en Ecuador la ecoansiedad aún no forma parte del debate público cotidiano, aunque ya se han dado algunos avances. “Estamos empezando a hablar de consumo responsable, pero debemos preguntarnos: ¿en qué condiciones estamos realmente como país?”, planteó. Según un levantamiento reciente de CERES, solo tres de cada diez ecuatorianos muestran comportamientos vinculados a temas ecológicos, mientras que otro 30% apenas está comenzando a informarse, y el 40% restante aún no comprende el alcance del problema. Esto evidencia una necesidad urgente de diálogo, donde todos los actores, incluyendo al Estado, el sector privado y la ciudadanía, se sienten en la mesa para generar políticas públicas implementables y viables. Además, el papel del sector empresarial y de los medios de comunicación es determinante. Salvatierra insistió en que las empresas tienen el poder de movilizar conductas colectivas y deben asumir esa responsabilidad. “Si desde las empresas no promovemos el uso responsable de los recursos o una correcta gestión de residuos, estamos fallando”, advirtió. Concientizar internamente a los colaboradores, al mismo tiempo que se educa al consumidor a través de campañas y acciones visibles, forma parte de la transformación hacia una cultura ambientalmente responsable. Los medios, por su parte, tienen la capacidad de amplificar estos mensajes. Asimismo, Sarsoza recalcó que la conversación no puede quedarse únicamente en la identificación del problema. Es imprescindible pasar a la acción. “Si el público permanece aislado de lo que se necesita, las políticas públicas no serán implementables”, señaló. Para evitar que esto ocurra, propuso un enfoque colaborativo entre sectores que priorice la acción basada en datos y evidencia. Solo así se podrá abordar el fenómeno de la ecoansiedad no como una señal de alarma paralizante, sino como una llamada a la transformación consciente y compartida. La transición de la ecoansiedad a la ecoacción no ocurre de forma espontánea. Reconocer nuestras emociones frente al cambio climático es el primer paso para actuar con responsabilidad y construir un futuro donde la salud del planeta y la salud mental vayan de la mano.