En este lugar, impregnado de una mezcla embriagadora de aromas a chocolate, café y vainilla, se entreteje la historia de un emprendimiento que nació en medio de tiempos difíciles. Corría el año 2020, un momento en el que un virus obligó al mundo entero a resguardarse en sus hogares, poniendo casi todo en pausa. Sin embargo, en ese escenario de incertidumbre, la semilla de inquietud emprendedora que Tita cultivó desde temprana edad encontró tierra fértil. A pesar de ser administradora de empresas de profesión, Tita siempre tuvo un espíritu visionario que la llevó a explorar diversas oportunidades. Aunque tiene algunos negocios, su corazón siempre estuvo cautivado por la repostería. En ese año, optó por seguir su instinto. “A pesar de los desafíos, nos dimos cuenta de que la comida nunca se deja de producir. La gente tenía antojo de algo dulce, y notamos una necesidad en el mercado”, afirma. Antes de aventurarse en su proyecto, Tita vendía postres a vecinos y amistades. Poco a poco, comenzó a ofrecer sus delicias en un punto estratégico: una lavandería, uno de sus negocios ubicado en la entrada de Puembo. Como si el universo conspirara a su favor, el local al lado de su lavandería se desocupó, y Tita, armada con determinación, invirtió en él para dar vida a La Dulcería de Tita. Desafiando las adversidades con creatividad y coraje, Tita habla con orgullo del crecimiento de su negocio. “Desde el principio, contamos con fieles clientes y seguimos creciendo. Tenemos dos sucursales y esperamos seguir expandiéndonos”, señala. Formando una dulce comunidad El taller nace con un objetivo alentador: empoderar a través de la enseñanza. Aquí, Tita no solo comparte sus conocimientos, sino que también cultiva una comunidad de apoyo mutuo entre emprendedores. “La idea es crear una comunidad donde la gente pueda aprender y obtener insumos para la pastelería. Quiero que sea un espacio completo”, asegura. Tita no se conforma con el éxito individual; aspira a crear una red de apoyo donde todos prosperen. Su visión va más allá de los negocios, abrazando la idea de que el crecimiento colectivo es la clave para alcanzar nuevas alturas. Para ella, “el verdadero fracaso radica en no intentar, y cada desafío es una oportunidad de crecimiento”.En su dulcería, no solo se preparan exquisitos postres, sino que también se saborea una historia de inspiración que continúa endulzando los corazones de aquellos que la visitan.