“Es necesario abordar este tema desde una perspectiva histórica. Desde la perspectiva de nuestro sector, la ciencia y la tecnología han sido campos de conocimiento que se han construido dejando fuera a grandes sectores de nuestras sociedades: mujeres, minorías étnicas, grupos racializados y sectores económicamente precarios, entre muchos otros. Utilizando el ejemplo de las mujeres, sería una locura pretender que nuestra sociedad pueda ignorar las ideas y aportaciones de la mitad de su población. Sólo hay que imaginar toda la innovación, las nuevas perspectivas y las ideas que estaríamos dejando pasar. De nuevo, basta con darle un vistazo histórico a cómo la increíble contribución de estos grupos sociales históricamente excluidos ha impactado en nuestra sociedad para entender que la inclusión de estas capacidades de transformación social e innovación no es una opción, sino un imperativo; tanto para las empresas como para todos los ámbitos de nuestra sociedad. Sólo mirando desde nuestro ámbito, una de las pioneras en el campo de la programación fue precisamente una mujer, Ada Lovelace. En este sentido, podemos decir que hay una primera dimensión que tiene que ver con cómo rompemos las barreras históricas de la exclusión para mejorar no sólo nuestra capacidad de innovación y nuestras perspectivas empresariales, sino también nuestra sociedad en general. Pero si además aportamos una perspectiva de servicios y productos, surge toda una nueva perspectiva sobre la importancia de la diversidad y la inclusión. Hay una multiplicidad de estudios que muestran cómo los equipos de trabajo no diversos generan productos y dinámicas excluyentes y, por tanto, fracasos. Esto es cierto para la tecnología, pero también para muchos otros sectores empresariales. Podemos mencionar algunos ejemplos de nuestro ámbito: hay herramientas de reconocimiento facial que han sido diseñadas por equipos formados exclusivamente por hombres blancos que reconocen perfectamente rostros de personas que se parecen a ellos, pero no son eficaces para reconocer rostros de personas de color. Evidentemente, este tipo de resultados conducen a una serie de productos fallidos, de riesgos empresariales que nadie aceptaría. Estoy utilizando un caso relacionado con la tecnología, pero estamos rodeados de ejemplos de este tipo en todos los sectores de la actividad humana. En cuanto a la diversidad, nuestro principal objetivo es conseguir que la diversidad de nuestra organización refleje la diversidad que existe en nuestra sociedad. Pero, por supuesto, esto no lo podemos hacer solos, sino que requiere generar toda una serie de dinámicas de colaboración con universidades, otras empresas, organizaciones sociales y diferentes foros de la sociedad civil. La diversidad no puede convertirse en una verdadera riqueza colectiva sin una dinámica de inclusión en la que cada persona pueda aportar su individualidad, ideas, capacidades y potencialidades a un bien común. Esto implica generar una cultura profundamente igualitaria e inclusiva que permita aprovechar la diversidad para transformarla en un motor de innovación y creación de nuevos horizontes. Contar con espacios seguros y libres de cualquier tipo de violencia o exclusión es el primer paso, pero debemos ir mucho más allá y generar una cultura inclusiva que permita un verdadero trabajo colaborativo en el que cada persona pueda aportar lo que es. Pero, aun así, debemos tener claro que esto no es suficiente. Si nos detenemos ahí, sólo estaríamos creando una burbuja al margen de la sociedad. Otro de nuestros objetivos es compartir buenas prácticas, contrastar ideas, generar un diálogo permanente sobre estos temas con otras empresas, con otras organizaciones, con los ciudadanos en general. Sólo así podremos avanzar en la construcción de una sociedad más justa. Hemos definido ciertos objetivos claros, como alcanzar el 40% de mujeres trabajando en roles tecnológicos en nuestra organización para el año 2022 y obviamente con un objetivo a medio plazo de llegar al 50%. Este es un objetivo global de Thoughtworks y Ecuador ya lo está logrando; actualmente tenemos alrededor de un 43% de mujeres en roles técnicos. Este año también hemos establecido un objetivo de diversidad local para integrar a los pueblos y nacionalidades indígenas en la empresa. Para 2022 queremos llegar al 4%, con una meta a medio plazo de alcanzar el 8% correspondiente a la cifra presente en la sociedad ecuatoriana. Para ayudarnos a conseguirlo, hemos creado una comunidad de aprendizaje muy interesante que incluye a miembros de comunidades indígenas, universidades y algunas organizaciones de la sociedad civil. Son pequeños pasos, que vamos logrando poco a poco, ya que hay muchos retos, como el hecho de que el acceso a la educación superior es todavía muy exclusivo, o el hecho de que la pandemia nos ha hecho retroceder una década en el acceso de las mujeres al mercado laboral. Sin embargo, siempre hemos sabido que este es un trabajo a largo plazo y cada pequeño paso nos motiva a seguir esforzándonos aún más, por algo que no sólo es bueno para el negocio sino también lo correcto”.