Por: Autor: Diego Erazo, Socio y Country Manager Ecuador de Readiness Global Es increíble ver la forma en la que lo digital ayuda a las empresas a ganar velocidad y generar integración en sus procesos y en los servicios que ofrecen. Pero aún más llamativo -y gratificante- es saber que las ventajas que ofrece esta tecnología tienen su lado humano (por llamarlo de alguna manera), ya que, por encima de todo, ayuda a poner a las personas en igualdad de condiciones. Pensémoslo así: Los procesos que se transforman digitalmente mejoran muchísimo la eficiencia, gracias a que achican el margen de error de las personas. Si, esto resulta clave, pero el hecho de que, de cara al cliente, mejora el servicio y facilita el acceso de todo tipo de usuarios, lo es aún más. Para ejemplificarlo, enfoquémonos en el sector financiero. Los bancos digitalizados han gozado de una muy rápida adopción por parte de los clientes en Latinoamérica y el mundo porque les permiten acceder, en el momento que quieran, a un servicio fácil y de mejor calidad y, a veces, a un menor costo.También te puede interesar: ¿Hacia dónde va la gestión de recursos humanos y tecnológicos en las empresas? Un caso emblemático es Ualá, que nació en Argentina como un banco digital y llegó rápidamente a México y Colombia, ganando aceptación masiva gracias a la decisión de aprovechar su plataforma digital para reducir comisiones, mejorar los tiempos y brindar servicios de alta calidad. Su éxito fue tal que, incluso, concretaron hace muy poco la adquisición de un banco tradicional, como complemento a su estrategia operativa. El único problema surge cuando las personas o las empresas no están acostumbradas a los procesos digitales. Entonces, los usuarios siempre requieren que haya un ser humano del otro lado con quien interactuar, y los bancos (o cualquier otro tipo de organización), por su parte, no ofrecen opciones digitales de operación a sus clientes, o si lo hacen, estas tienen tan poca funcionalidad que, tarde o temprano, los clientes terminan recurriendo a un ejecutivo de cuentas, lo cual genera un montón de desvíos. Y aun así, la atención sigue sin ser aceptable. No hay duda: el futuro será digital. Eso genera, en países como el nuestro -cuya base monetaria es finita, dados los elevados costos de importar dólares-, una necesidad creciente de digitalizar los servicios y los procesos. Si lo hacemos bien, podremos democratizar el acceso de la gente al sistema financiero, generando igualdad entre las personas y mejorando su experiencia de bancarización.