El análisis de Bloomberg Línea, elaborado con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) procesados por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), muestra que América Latina dejó de comportarse como un bloque fiscal homogéneo. El principal cambio no está en el nivel promedio de endeudamiento, sino en la creciente distancia entre los países de la región. Te puede interesar: Samborondón mueve un mercado inmobiliario de alto valor: casas de USD 2,5 millones y alícuotas de hasta USD 1.200 La deuda mundial tiene a Japón y Singapur en los primeros lugares A escala global, Japón registra la mayor deuda pública en relación con su PIB, con 204,4%, seguido de Singapur, con 171,9%, y Sudán, con 169,1%. Completan los primeros lugares Baréin (152,4%), Italia (138,4%), Grecia (136,9%), Senegal (132,3%), Maldivas (129,4%), Estados Unidos (125,8%) y Ucrania (122,6%). En América Latina, la brecha entre la economía más y menos endeudada se amplió de 63 puntos porcentuales del PIB en 2019 a una proyección de 73 puntos para 2026. El IIF atribuye esta mayor dispersión, entre otros factores, al fuerte incremento del endeudamiento en Bolivia y a los menores niveles registrados en países como Perú. Bolivia enfrenta una presión de liquidez Bolivia presenta el escenario más complejo de la región. Su deuda pública alcanza el 102% del PIB, mientras enfrenta déficits fiscales de dos dígitos, escasez de divisas y reservas internacionales reducidas. El problema central no radica únicamente en el volumen de deuda, sino en la capacidad de obtener los dólares necesarios para atender sus obligaciones. Según el IIF, las reservas internacionales netas sumaban USD 3.347 millones en junio de 2026, frente a una deuda pública externa de USD 14.358 millones, lo que representa una cobertura cercana al 23%. Dentro de las reservas brutas, el oro alcanzaba USD 3.581 millones en mayo de 2026, mientras que las divisas líquidas se situaban en apenas USD 897 millones. La diferencia es relevante porque una economía puede enfrentar un problema de endeudamiento sin necesariamente tener dificultades inmediatas para realizar sus pagos. En el caso boliviano, la escasez de liquidez externa constituye uno de los principales focos de vulnerabilidad. Brasil: una deuda elevada con un costo creciente Brasil registra una deuda pública equivalente al 96,5% del PIB y concentra el mayor volumen de deuda de América Latina, con alrededor de USD 2,1 billones a mediados de 2026. Su estructura, sin embargo, reduce algunos de los riesgos asociados al endeudamiento externo. Cerca del 95% de la deuda está denominada en reales y se encuentra principalmente en manos de inversionistas locales, mientras que la deuda externa representa alrededor del 4,5% del total. El desafío se encuentra en el costo de financiamiento. En 2026, el pago de intereses del Gobierno general representa 7,25% del PIB, el nivel más elevado de la región, mientras que el déficit primario alcanza 0,45% del PIB. Bajo este escenario, el FMI proyecta que la deuda brasileña llegue al 106,5% del PIB en 2031. Más que una crisis inmediata, el riesgo identificado es un deterioro fiscal gradual que podría mantener elevados los costos de financiamiento durante varios años. Surinam muestra que el ratio deuda/PIB también depende del tipo de cambio El caso de Surinam evidencia que una elevada relación deuda/PIB no necesariamente responde a un aumento proporcional del endeudamiento. La deuda pública pasó de 84% del PIB en 2019 a 146,4% en 2020. Después de una reestructuración, descendió hasta 88% en 2024, volvió a subir a 105,8% en 2025 y el FMI proyecta que cierre 2026 en 87,1%. Parte de estas variaciones está relacionada con movimientos del tipo de cambio y revisiones del PIB, además de los cambios efectivos en el nivel de endeudamiento. En una economía pequeña y altamente dolarizada, las fluctuaciones cambiarias pueden modificar significativamente el indicador deuda/PIB. Surinam mantiene, además, una vulnerabilidad asociada a su elevada deuda, inflación de dos dígitos y antecedentes recientes de reestructuración. El desarrollo de nuevos proyectos petroleros previsto para los próximos años podría fortalecer su capacidad de pago, siempre que esté acompañado de disciplina fiscal. México y Argentina muestran escenarios diferentes México presenta una deuda pública equivalente al 62,7% del PIB, uno de los niveles más moderados entre las grandes economías latinoamericanas. Sin embargo, el costo de esa deuda ha aumentado: el pago de intereses pasó de representar 4,41% del PIB en 2019 a 5,98% en 2026. El país registra un superávit primario de 1,6% del PIB, aunque persisten riesgos vinculados al costo del financiamiento y a los pasivos contingentes. Argentina, por su parte, proyecta una deuda pública equivalente al 70,4% del PIB en 2026 y un superávit primario de 1,9%. La mejora de sus cuentas públicas y reservas ha sido significativa, pero el país continúa dependiendo de su programa con el FMI y todavía enfrenta el desafío de recuperar un acceso estable a los mercados internacionales. Ecuador y El Salvador: el factor de la dolarización Ecuador presenta una deuda pública equivalente al 52,8% del PIB proyectado para 2026. Aunque el indicador es menor al observado en otras economías de la región, la dolarización introduce una vulnerabilidad específica. Al no contar con una moneda propia ni con un banco central que pueda actuar como prestamista de última instancia en esa moneda, las tensiones de financiamiento pueden traducirse rápidamente en restricciones de liquidez. En este contexto, la disponibilidad de reservas y el acceso a fuentes de financiamiento adquieren una importancia particular. El Salvador comparte esta característica debido a su dolarización y enfrenta, además, desafíos relacionados con su programa con el FMI. ¿Qué determina realmente el riesgo de la deuda? El nivel de deuda pública es solo uno de los indicadores que utilizan los mercados para evaluar la vulnerabilidad fiscal de un país. La capacidad de pago depende también de la estructura y el costo de esa deuda. Entre los principales factores se encuentran: El costo de los intereses en relación con el crecimiento económico y los ingresos fiscales. El resultado del balance primario. La moneda en la que está denominada la deuda. La composición de los tenedores y los plazos de vencimiento. La disponibilidad de reservas internacionales líquidas. El acceso a los mercados de financiamiento. La credibilidad de la política económica y de las instituciones fiscales. También resulta determinante la diferencia entre el crecimiento nominal de la economía y el costo efectivo de la deuda. En economías emergentes, deben considerarse además la posición externa, la cuenta corriente, la dependencia de materias primas y las obligaciones contingentes de empresas estatales. América Latina enfrenta riesgos fiscales diferentes La estructura financiera de las economías latinoamericanas permite explicar por qué un mismo nivel de deuda puede generar riesgos muy distintos. La mayoría de los países de la región opera actualmente con tipos de cambio flexibles, metas de inflación y una mayor proporción de deuda denominada en moneda local. Esta configuración, consolidada después de las crisis de las décadas de 1980 y 1990, reduce la posibilidad de que una depreciación cambiaria se convierta automáticamente en una crisis de deuda. El escenario es diferente para las economías pequeñas y dolarizadas. En estos países, una pérdida de acceso al financiamiento externo puede convertirse rápidamente en un problema de liquidez. Para las grandes economías latinoamericanas, el riesgo es distinto. Brasil y otros países con mercados financieros más profundos enfrentan principalmente la posibilidad de un deterioro fiscal progresivo, que eleve las tasas de interés y encarezca el refinanciamiento de sus obligaciones. La credibilidad fiscal gana peso La experiencia reciente muestra que la sostenibilidad de la deuda no depende únicamente de cuánto debe un país, sino de su capacidad para mantener la confianza de los mercados. La credibilidad del presupuesto, del banco central y de las reglas fiscales influye directamente en la percepción de riesgo y, por tanto, en el costo de financiamiento. Una economía con una deuda elevada, pero con vencimientos largos, una mayor proporción en moneda local y acceso estable a los mercados, puede presentar menores riesgos que otra con un nivel de deuda inferior, pero con obligaciones de corto plazo, reservas limitadas y dificultades para refinanciarse. Te puede interesar: Tasas de interés bajan en agosto: crédito empresarial e inmobiliario registran las mayores reducciones Para América Latina, el desafío será evitar que el aumento de los costos financieros y la menor capacidad fiscal se conviertan en un ciclo de mayor endeudamiento. La creciente dispersión entre países confirma que la región ya no puede ser analizada bajo una única lectura fiscal: cada economía enfrenta una combinación distinta de deuda, crecimiento, liquidez, reservas y acceso al financiamiento. Fuente: Bloomberg Línea, con base en información del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).