Igualmente, debemos promover una alianza para aprovechar las oportunidades de la tecnología digital al servicio de las personas. Un potente ejemplo de los beneficios de trabajar juntos hacia una mayor conectividad entre nuestras regiones es el nuevo cable submarino transatlántico de fibra óptica, conocido como Bella, que será una autopista digital para el conocimiento y el intercambio de datos entre nuestros países. Pero hay que pasar de las palabras a los hechos. Tenemos que ratificar en 2021 tres ambiciosos tratados de última generación, incluyendo aspectos políticos, de cooperación, comerciales y desarrollo sostenible. Me refiero a la modernización de los acuerdos de asociación con México y Chile, que tan buenos resultados han dado, y al acuerdo con Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay), que llevamos más de 20 años negociando. ➤ Ver también: La otra relación transatlántica En junio del 2019 se alcanzó un acuerdo sobre la parte comercial del acuerdo con Mercosur y en julio de este año sobre la parte política y de cooperación. Se trata del mayor acuerdo de asociación alcanzado por la UE. Su ratificación supondría un punto de inflexión en nuestras relaciones con LAC contribuyendo significativamente a la recuperación económica a ambos lados del Atlántico. El acuerdo con Mercosur no debe considerarse como un mero acuerdo de libre comercio. La parte comercial es fundamental, pero no es la única. El acuerdo con Mercosur tiene una gran importancia geopolítica, relacionada con desafíos globales como la preservación del medio ambiente y la defensa de los derechos humanos y laborales. El acuerdo nos incita a cooperar en temas claves con nuestros socios latinoamericanos, comprometiendo a las partes a ratificar, e implementar, convenciones de la Organización Internacional del Trabajo y tratados internacionales como el Acuerdo de París contra el cambio climático. Sin embargo, el panorama político actual no facilita su ratificación. La modernización de los acuerdos de asociación con Chile y México no debería plantear problemas, más allá de cuestiones técnicas pendientes de solucionar desde hace demasiado tiempo, así como el tiempo exigido para su ratificación por los parlamentos estatales y el Parlamento Europeo. Este último, en cambio, ya advirtió en octubre que no podría ratificar el acuerdo con Mercosur en su estado actual. Parte de la ciudadanía duda sobre los beneficios de un acuerdo con algunos gobiernos cuyas políticas no cumplen las expectativas, principalmente en materia medioambiental y deforestación. Se trata de preocupaciones legítimas que exigen continuar un diálogo con todas las partes para encontrar soluciones que eviten un fracaso en el proceso de ratificación. Tal fracaso tendría un coste muy elevado, dañaría la credibilidad de ambas regiones y limitaría la influencia de la UE en una región donde la presencia de China es cada vez más importante. En Chile, las inversiones chinas en muchos sectores, especialmente en energías renovables, están creciendo enormemente y China ha sustituido a la UE como principal destino de la carne y la soja brasileña. Los vacíos se llenan y no podemos pretender ser una potencia geopolítica o un actor global, como solemos decir, sin una sólida presencia en América Latina y el Caribe. Aprovechemos la oportunidad de revitalizar y modernizar nuestras relaciones con esa región con la que tantos lazos nos unen.