Este avance refleja una profunda transformación social, mediante el cual, su liderazgo se hace más visible y reconocido en la esfera profesional. Por consiguiente, más allá de su influencia histórica en ámbitos familiares y comunitarios, hoy en día ellas acceden formalmente a la toma de decisiones estratégicas. Este auge está impulsado, en primer lugar, por la necesidad de una formación continua en un mercado laboral digitalizado. Debido a esto, las profesionales buscan herramientas financieras y de gestión directiva para alcanzar nuevas oportunidades de liderazgo. Asimismo, la visibilidad de referentes femeninos rompe barreras culturales y mitiga el “gap aspiracional”. A este panorama se suma la flexibilidad de los formatos híbridos, facilitando la conciliación. También te puede interesar: La nueva generación de maestrías apuesta por la flexibilidad y la innovación Finalmente, esta formación ejecutiva aporta al desarrollo profesional al robustecer destrezas de negociación en entornos complejos. Además de elevar la confianza para asumir grandes retos, fomenta redes de networking vitales para su proyección. Así, se consolida un liderazgo transformacional basado en la empatía, la integración y el cuidado; un modelo indispensable para construir organizaciones innovadoras. Por: Gemma Lorente, Docente del Grado de Ciencias Políticas de UNIR y coordinadora académica PSU Liderazgo y Mujer en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)