El impulso que el sector de la construcción tuvo a inicios y mediados de 2018 no fue suficiente para evitar que otra vez caiga en el gran agujero recesivo, en el que estuvo desde 2015. En el tercer trimestre del año pasado, esta industria ha vuelto a consolidar su posición en la zona de crisis, tras registrar un 4,9% de decrecimiento económico, el más alto del sector privado. Cuando la economía está mal, recalca Carlos Repetto, presidente de la Cámara de Construcción de Guayaquil (CCG), su gremio es el primero en sentir los efectos y, lamentablemente, el último en recuperarse. En 2019 no existió otra opción que sentir las repercusiones que traería la disminución notable de la obra pública y el desaliento de inversión del sector privado, ambos con un efecto importante en el quehacer de las empresas constructoras. El año pasado, dice Repetto, fue un año de iliquidez. Las operaciones crediticias del sector inmobiliario financiero público se disminuyeron en un 28,5% y las del sector privado, en un 38,2%, una condición que inevitablemente sigue alejando al sector de la meta de construcción de viviendas. “De las 320.000 viviendas VIP (Viviendas de Interés Público) que el presidente (Lenín Moreno) ofreció a inicios de su gestión, no llegamos a las 35.000 unidades durante todo este periodo”, reflexiona Repetto. Más allá de eso, dice, lo penoso ha sido ver cuántos constructores siguen desocupados y cuántos empleados del sector están en sus casas. “Para corroborar esto basta recorrer la ciudad y recordar cómo era la construcción hace siete u ocho años. El sector está deprimido”. Un estado al que se ha llegado no solo debido a las condiciones económicas sino a las decisiones políticas que han venido fomentando la incertidumbre en el sector. Desde el anuncio de la Ley de la Plusvalía, en 2015, hasta las constantes normativas que han venido sobre regulando al sector. Así lo cree Virgilio Gonzenbach, gerente general de la constructora Covigon, la misma que ha detenido el ritmo de desarrollo de un proyecto urbanístico de más de 300 casas de interés social que diseña en Milagro, debido a distintos cambios en el mercado. Por un lado, la disposición (ya abolida) de adaptar las viviendas de interés social a las necesidades de las personas con discapacidad. Por otro, el nuevo reglamento para calificar los proyectos de viviendas de interés social y público para que se beneficien de una tasa subsidiada por el Estado (4,99%). Esta nueva norma, en vigencia desde diciembre pasado, parece ser el salvavidas del sector. “Los proyectos demoran en desarrollarse y nos toca volver a rediseñar los planos para adaptarlos a los nuevos cambios, lo cual está bien pero toma tiempo”, enfatiza Gonzenbach, quien dice ser optimista en un mercado lleno de incertidumbre. Es difícil calcular cuánto tiempo más le tomará a esta industria salir de la crisis. Todo dependerá, dice Repetto, de la mejora que tenga la economía, de la estabilidad laboral y del poder adquisitivo que tengan las personas para animarse a comprar una casa. Así también lo cree Jaime Rumbea, presidente de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Ecuador (Apive). No obstante, él cree que la recuperación arribará a largo plazo, debido a la caída de reservas (solicitud de casas) que se registraron de enero a octubre del año pasado (16,8%). “Hablar de reservas es hablar de las casas que el sector recién va a empezar a construir y cuya facturación se verá reflejada en el PIB futuro. Pero, si hay una caída, eso nos dice que no hay indicio de que el sector pueda recuperarse este año o el próximo”. No obstante, reconoce que este escenario puede empezar a revertirse con el impulso a la venta de casas sociales y públicas de hasta USD 90.000. Ahora que existe un reglamento, la expectativa es que esta calificación, a cargo del Miduvi, a la que deberán someterse los bancos participantes y los proyectos urbanísticos, no esté saciado de trámites. “Va a depender de qué tan ágiles sean en el trámite, de la difusión que se le dé a este beneficio (para hacer que más ciudadanos conozcan y aprovechen estas condiciones) y que los bancos la provean”, dice Rumbea. La esperanza de una mejora, dice Repetto, no solo la anhelan los constructores sino toda la cadena productiva que depende de este sector y que en estos últimos años ha venido sintiendo también los efectos. “El sector de acerías está vendiendo a volúmenes de 2007 y 2008; la industria cementera ha retrocedido a volúmenes de 2006. Todo esto demuestra el deterioro que está teniendo este sector”. Con información de Expreso.