El Azuay se encuentra en un punto de inflexión. Más allá del dinamismo de su industria, Juan Pablo Malo, Presidente de la CIPEM, advierte que la competitividad futura dependerá de resolver desafíos estructurales que no siempre están en el radar público: conectividad, abastecimiento energético, suelo industrial y un marco regulatorio que reduzca costos internos. “El reto ya no es solo producir; es permitir que la producción fluya con eficiencia y llegue donde debe llegar”, señala. Uno de los temas más sensibles es la conectividad vial y aérea. Mientras la industria local incorpora automatización, robótica y manufactura avanzada, la logística sigue operando con rutas deterioradas y sin vuelos directos hacia hubs regionales. Malo enfatiza que esta brecha afecta exportaciones, movilidad de talento y velocidad de reacción empresarial. También te puede interesar: Sostenibilidad la nueva ruta industrial La energía es otro factor crítico. Aunque Ecuador registró avances normativos para la participación privada en generación y suministro, la provincia aún enfrenta restricciones severas en el acceso a gas natural, un insumo indispensable para sectores como cerámica plana y línea blanca. “Un sector manufacturero fuerte requiere energía térmica suficiente. Hoy esa provisión no llega en los niveles que se necesitan”, explica Malo. A ello se suma el recuerdo reciente de la crisis eléctrica nacional, que obligó a industrias a acelerar inversiones en resiliencia energética. A nivel regulatorio, el gremio insiste en tres frentes: combatir la informalidad, reducir el “Costo País” y habilitar nuevas zonas de desarrollo industrial. La complejidad normativa y los procesos lentos encarecen operaciones e inhiben inversión. “Un país donde lo formal es prioridad genera condiciones equitativas que fomentan el desarrollo”, afirma. Esta mirada busca proyectar al Azuay hacia 2030 con un ecosistema más ágil, conectado y competitivo, capaz de sostener su crecimiento en un entorno regional cada vez más exigente.