El limitado acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra y a recursos financieros o no financieros tanto como el no reconocimiento de su doble o tripe jornada de trabajo profundizan las desigualdades y, por tanto, el ejercicio pleno de sus derechos. Según el Plan Nacional de Violencia para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres citando datos del INEC (2019), del total de personas que cuentan con empleo adecuado, el 67,1% son hombres y únicamente el 32,9% son mujeres. ONU Mujeres reporta, adicionalmente, que las mujeres perciben al menos un 25% menos que los hombres por trabajos iguales. Los costos de las violencias hacia las mujeres y las niñas equivalen al 4,28% del Producto Interno Bruto del Ecuador y representan USD 4.608 millones anuales, de los cuales, el 50% son asumidos por las propias mujeres: ellas, sus hogares y las comunidades pierden al menos USD 2 billones al año. La autonomía económica de las mujeres es urgente en Ecuador también como mecanismo para combatir las violencias, erradicar la pobreza y transformar las desigualdades estructurales y de género. Las mujeres tienen un rol central en la economía mundial al sostener la economía reproductiva y promover la resiliencia comunitaria, así como en la seguridad alimentaria, la gestión sostenible de los recursos naturales y la productividad. El compromiso con la autonomía económica de las mujeres debe producir trabajo decente, igualdad salarial, corresponsabilidad de los hombres en el trabajo de cuidado humano y doméstico, más tiempo para su autocuidado, acceso a recursos financieros y no financieros, derechos patrimoniales, no discriminación y dignidad.Por: Rocío Rosero, Ariadna Reyes y Ricardo Rosales