La magnitud del reto es evidente. Entre enero y junio de 2026, Ecuador registró siete incidentes de alto impacto dentro de un total de 80 eventos de seguridad que comprometieron más de 82 millones de registros, afectando a instituciones públicas, entidades financieras y organizaciones privadas. Más allá de las cifras, estos casos reflejan la exposición de distintos sectores a riesgos con impactos operativos, económicos y reputacionales. La tendencia también se observa a escala global. En el primer trimestre de 2024 se expusieron más de 30.000 millones de registros en una sola filtración. En 2025, un incidente comprometió 16.000 millones de credenciales activas y, durante el primer trimestre de 2026, se identificaron 85 grupos de ransomware responsables de más de 2.000 víctimas. En paralelo, los ataques de denegación de servicio (DDoS) aumentaron un 187% frente al año anterior. La adopción acelerada de herramientas de inteligencia artificial también ha transformado el panorama de amenazas. “Los ciberdelincuentes aprovechan una distracción, un clic o una credencial expuesta para afectar a personas, empresas e instituciones. Por eso, la ciberseguridad no depende únicamente de la tecnología, sino también de procesos sólidos y de una cultura de seguridad y prevención en cada persona.”, afirma Paola Jácome, Líder de Seguridad de la Información y Ciberseguridad de Puntonet. También puedes leer: Estudio de CITEC muestra cómo la IA está transformando la salud En Ecuador, uno de los principales desafíos está relacionado con el tráfico asociado a ataques DDoS. Durante el último trimestre de 2025, el país apareció como el segundo mayor origen mundial de este tipo de tráfico. Esta posición no significa necesariamente que los ataques se originen en territorio nacional, sino que una cantidad importante de dispositivos, servicios e infraestructuras vulnerables puede ser utilizada por redes criminales internacionales sin que sus propietarios lo adviertan. A esto se suman los datos de ARCOTEL, que registró 15 víctimas de ransomware y 32 eventos de filtración de datos durante 2025 en sectores como energía, salud, finanzas, educación, construcción y gobierno. En los primeros meses de 2026, al menos 18 entidades adicionales reportaron presuntos incidentes de seguridad, lo que evidencia que el riesgo digital forma parte del entorno operativo de organizaciones públicas y privadas. Los registros también muestran que una parte importante de los incidentes se originó a partir de técnicas de ingeniería social y suplantación de identidad, además de vulnerabilidades como sistemas desactualizados, configuraciones incorrectas o accesos de proveedores externos sin controles suficientes. De hecho, el 52% de los incidentes reportados en 2025 comenzó con un correo electrónico, un mensaje o una invitación aparentemente legítima. Aunque las organizaciones han incrementado sus inversiones en herramientas de protección y detección, la evolución de las amenazas plantea la necesidad de adoptar estrategias integrales que combinen tecnología, procesos, monitoreo continuo y capacitación de los colaboradores. El fortalecimiento de una cultura de ciberseguridad se ha convertido en un componente cada vez más relevante para reducir los riesgos. Te puede interesar: Las amenazas digitales no solo apuntan a las grandes empresas: las pymes también están en la mira "Las organizaciones suelen pensar que la ciberseguridad se resuelve comprando más tecnología, pero la experiencia demuestra que el desafío es mucho más amplio. La resiliencia digital se construye con procesos claros, acompañamiento especializado y una cultura de seguridad que involucre a toda la organización", señala la vocera. Más allá del cumplimiento normativo, especialistas coinciden en que fortalecer la cultura de seguridad digital será un elemento clave para anticipar amenazas y proteger la infraestructura crítica. Un incidente de ciberseguridad puede traducirse en interrupciones operativas, pérdidas económicas, sanciones regulatorias, afectaciones reputacionales y una menor confianza por parte de clientes y ciudadanos. En este contexto, la ciberseguridad se consolida como un componente estratégico para la gestión empresarial. La combinación de tecnología, procesos y formación continua será determinante para que las organizaciones fortalezcan su resiliencia frente a un entorno digital cada vez más complejo.