La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó recomendaciones sobre maneras de mejorar la salud de la población y los servicios básicos mediante el uso de tecnologías digitales. La telemedicina ha permitido lograr un cambio positivo en la calidad de vida de muchas personas con enfermedades crónicas que requieren monitoreo constante, o de aquellas que viven en regiones remotas donde el acceso a atención médica es muchas veces limitado. La tecnología 5G tiene el potencial de ampliar el acceso, la calidad y la rentabilidad de la salud, permitiendo inclusive que se pueda llegar a un mayor porcentaje de la población. Desde pacientes y médicos, hasta hospitales, farmacéuticas, aseguradores o sistemas nacionales de salud y, en general, todo el ecosistema puede obtener beneficios a través de la implementación de dispositivos IoT que harán los diagnósticos más ágiles, logrando democratizar los servicios que alguna vez parecieron una escena cinematográfica futurista. Si bien las cirugías a larga distancia con robots y los avances relacionados dependen de que algunas tecnologías alcancen el nivel de madurez óptimo, algo ya está claro: la industria de la salud tendrá que prepararse para un gran desafío de ciberseguridad. El uso de dispositivos 5G e IoT traen consigo vulnerabilidades debido a que cuantos más dispositivos conectados, más numerosos son los puertos expuestos a un ataque. Desde la fuga de datos confidenciales hasta cirugías remotas pirateadas, hay muchos riesgos posibles. Con esta información, un hacker puede realizar estafas, amenazar a las personas a cambio de dinero – secuestro de datos – o vender datos en la web profunda. Los datos de salud pueden valer de 10 a 50 veces más que los datos bancarios, ya que permiten un fraude aún mayor, como en una póliza de seguro de vida. En el Ecuador, por su parte, una de las estrategias alineadas a mitigar y reducir estos riesgos, fue la reciente publicación de la Estrategia Nacional de Ciberseguridad, la misma que abarca los ejes de gobernanza y coordinación nacional; Resiliencia cibernética; Lucha contra la ciberdelincuencia; Ciberdefensa nacional y ciberinteligencia; Habilidades y capacidades de ciberseguridad; y Cooperación internacional. (Fuente: Ministerio de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información). El tamaño del problema Los ataques cibernéticos han causado pérdidas significativas y daños a la reputación de numerosas empresas. Casi un tercio de las organizaciones mundiales han sufrido ataques similares; Brasil es el quinto país que más ataques sufre en el mundo. Solo en 2020, el secuestro de datos costó alrededor de USD 21 mil millones, un aumento del 123% con respecto al año anterior. Los hospitales y las compañías de atención médica pueden convertirse en objetivos preferidos porque no pueden perder el acceso a los registros de los pacientes, lo que puede poner vidas en riesgo. Para estructurar la ciberseguridad de una empresa, se recomiendan tres conjuntos de prácticas: ciberseguridad, con rutinas que mitiguen los riesgos; DevSecOps, una forma de desarrollar software en la que el aspecto de seguridad está pensado desde el principio; y una política de confianza cero, que se puede resumir en la frase “nunca confíes, siempre verifica”. Cuando hay una gran cantidad de datos involucrados, también debe incluir funciones como cifrado, inteligencia artificial y automatización. La tecnología 5G puede traer avances significativos para la salud, agregando más años a la esperanza de vida y una mejor calidad a los años vividos; sin embargo, para que esto se haga realidad, todas las partes interesadas deben comprometerse a garantizar la seguridad de los procesos y los datos confidenciales. Por el contrario, los crecientes ataques deberían retrasar la adopción de tecnología y hacer de este avance un horizonte lejano. Por _ Carlos Buitrago, socio de McKinsey & Company y Office Manager de McKinsey en Ecuador.