En un gran complejo que contempla la capilla, la casa-museo donde el pintor vivió sus últimos años y algunos restos arqueológicos descubiertos días después de la muerte de Guayasamín, la concepción arquitectónica del edificio principal fue realizada por Handel Guayasamín, sobrino de Oswaldo. Handel relata cómo, en una coincidencia afortunada del destino, su tío lo presentó oficialmente como el encargado del proyecto, que a día de hoy, es Patrimonio cultural del estado ecuatoriano. "Me trasladé a trabajar al taller de pintura de Oswaldo, allí durante siete meses definimos cada detalle del proyecto, a veces con una copa de vino, otras veces con algo más fuerte", contó. Antes de su reunión, ellos habían estado distanciados por más de 14 años, pero esta simbiosis fue clave para crear lo que es la capilla a día de hoy. "Este no es un proceso a distancia ni de inteligencia artificial, es un trabajo intenso y cotidiano con gran detalle", reflexionó. También te puede interesar: Arquitectura para sentir: el nuevo rumbo del Colegio de Arquitectos del Ecuador - Provincia de Pichincha Diego Robalino, un ingeniero sin miedos El arquitecto reconoce que la Capilla del Hombre sería diferente de no ser por Diego Robalino, ingeniero civil que estuvo encargado de la construcción de la obra. Diego aportó ideas claves para la capilla. “"El edificio tiene una planta libre sin columnas en medio de 30 por 30 metros, un reto que asustaba a muchos ingenieros. Todos querían ponerle mínimo 4 columnas. Diego llegó, solo, y dijo que podríamos construirla hasta de 50 por 50 metros sin columnas", añadió Guayasamín, que elogió al ingeniero calificándolo como “genio”. La construcción de la Capilla comenzó en 1995, con la idea de construir “"un contenedor gigante de arte, auténtico, austero y digno, sin falsas competencias con las obras de arte que contiene", detalla. Durante la edificación, Oswaldo y Handel quedaron impresionados de la forma de trabajo de Robalino. "La cuadrilla de construcción mantenía un nivel de limpieza impecable, parecía un laboratorio quirúrgico", comentó. Construir a través del pasado Antes de la Capilla, Handel ya era un reconocido arquitecto en la ciudad. De hecho, la coincidencia que lo reunió con su tío fue la inauguración de Casa Cueva, un proyecto de su ejecución terminado en 1994. Handel llegó a viajar por la mayoría de América Latina, en una aventura de autodescubrimiento y de aprendizaje, centrándose en las construcciones del pasado y en la cultura andina, como su excursión de una semana en las ruinas de Machu Picchu, en Cuzco. Durante la concepción del proyecto con su tío, Handel reconoce que todas estas experiencias y esta percepción de su cultura fue clave para crear lo que es la capilla hoy en día. "Mi formación y experiencia previa permitieron afrontar este encargo con confianza y respeto. Trabajar en la Capilla fue lo que llamo un doctorado y una maestría, fue un aprendizaje profundo", resaltó Handel. Handel Guayasamín no solo es el arquitecto de la Capilla del Hombre. Durante su vida, ha ocupado cargos importantes en el sector, como presidente del Colegio de Arquitectos del Ecuador Provincia de Pichincha, presidente de la Bienal de Arquitectura Panamericana de Quito, director de la carrera de Arquitectura de la PUCE Quito y miembro honorario de la Fundación Guayasamín. Una trayectoria fruto de su gran visión de la arquitectura y de la vida en general. En honor al cosmos andino La gran roca cúbica que comprende la Capilla del Hombre es una obra que brinda un infinito respeto a las tradiciones prehispánicas, al indigenismo que Oswaldo siempre defendió, y a la conexión que del alma con la tierra, del cielo con el suelo y la llama. Si bien la Capilla es el lugar donde "aún vive Oswaldo", Handel reconoce que “cada construcción se queda con un trozo del alma del arquitecto”. Con el cono que sobresale en la cara superior del cubo, el reflejo de la cultura indigena y andina de la colonia se presenta como la base de una construcción que emana pensamientos, ideales y sueños. "El mural del cono es un homenaje a los indígenas que murieron trabajando en las minas de Potosí. Expresa la desesperación por salir a la luz, un mensaje que sigue vigente", explica el arquitecto. Esta construcción es la muestra de la vida de Oswaldo Guayasamín, quien nunca pudo verla terminada por su muerte en 1999, y es un homenaje continuo al ser humano, construido en una arquitectura que nunca escapa de su sencillez y sus raíces andinas, pero que deslumbra al “crear lenguajes nuevos y pertinentes al contexto, sin copiar estilos ajenos”, un consejo de Handel Guayasamín. "La Capilla refleja miles de años de cultura andina y búsqueda espiritual" es el reflejo en palabras de una construcción contemporánea pero milenaria en sus ideas, con una simplicidad auténtica que cede el espectáculo a las obras de arte de uno de los mayores exponentes de la pintura del Ecuador y del mundo. Un espacio que crea conexiones simbólicas, una suma de vocación, ética, técnica y amor por nuestra cultura.