Aquellos logros en temas como reducción de deserción escolar y desnutrición; en reducción de brecha laboral de las mujeres; así como las tasas de crecimiento de los pequeños negocios y de mejora en la calidad de vida en poblados rurales, por ejemplo, que se habían alcanzado con esfuerzo antes de 2020 y generaban esperanza, de un momento a otro se habían perdido. Pero en medio de este inesperado viaje hacia atrás, un instrumento financiero marcó el escenario como un puente de avance para impulsar proyectos y estrategias que buscan apalear estos problemas sociales y de sostenibilidad que dejó la pandemia. Se trata de los bonos temáticos, títulos valores que pueden ser emitidos por entidades públicas o privadas para conseguir recursos que se destinan a causas específicas. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), estos papeles resultan cada vez más atractivos para los inversionistas y tanto los gobiernos como las empresas en el mundo están aprovechando cada vez más esta tendencia con el objetivo de financiar proyectos destinados a resolver los desafíos del cambio climático, compromisos nacionales asumidos bajo el Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, así como los desafíos sociales que planteó la pandemia. El escenario en Ecuador genera altas expectativas Ecuador, pese a tener un mercado bursátil pequeño en comparación con países de la región como Colombia o Chile, ha dado importantes pasos en emisiones de este tipo de instrumentos. En particular, ha sido pionera en el mercado de bonos temáticos desde 2019, cuando Banco Pichincha emitió el primer y único bono verde del país por USD 150 millones. Según la entidad, el propósito fue incentivar la reducción del impacto ambiental de las organizaciones, desde el más pequeño de los emprendimientos hasta las corporaciones multinacionales. Los fondos obtenidos se destinaron a iniciativas a favor del ambiente. De acuerdo con los datos de Climate Bonds Initiative, los bonos verdes han crecido a una tasa de alrededor de 50% en los últimos cinco años. En 2020, alcanzaron la cifra récord de USD 297.000 millones y en 2021, el monto llegó a USD USD 517.400 millones. Por otro lado, pese a que no representan el mayor monto en este pastel temático, los bonos sociales y sostenibles han sido los protagonistas en 2020 y 2021, precisamente por la coyuntura de impacto social y sanitario derivado de la pandemia. En 2022 hay perspectivas de que seguirán teniendo excelente desempeño. En 2021, en el mundo se emitieron USD 486.768 millones en bonos sociales, sostenibles y SLB; esto es un 55% más que en 2020, según datos del informe Sustainable Bonds Insight 2022 publicado por Enviromental Finance. La banca ecuatoriana ya ha dado importantes pasos en el mercado de bonos sociales, sostenibles y de género. En diciembre de 2020, Banco Guayaquil emitió el primer bono social, por USD 20 millones, con el apoyo de BID Invest. Los recursos se destinaron a apoyar con crédito a las mipyme en Ecuador, uno de los sectores más impactados por la pandemia. El apoyo a la microempresa se realizó a través de la plataforma de corresponsales no bancarios del banco. BID Invest estimó que el bono beneficiaría aproximadamente a 26.000 microempresas en todo el país. Y este 2022 vislumbra también como un buen año para este mercado en el país. Apenas transcurrido el primer trimestre, dos bancos privados emitieron bonos de tipo sostenible y de género. A inicios de marzo, Produbanco emitió el primer bono sostenible en el país, junto con BID Invest por un monto de USD 50 millones. La transacción está conformada por dos montos, USD 40 millones destinados a apoyar la reactivación y sostenibilidad de las pymes, y USD 10 millones, canalizados a través de BID Invest, de un componente de financiamiento mixto del Fondo Climático Canadiense para el Sector Privado en América Latina y el Caribe (C2F), para financiar la cartera verde de Produbanco. En tanto, a fines de marzo, Banco Pichincha emitió el primer bono de género, junto con BID Invest y la International Finance Corporation (IFC). El monto de la emisión fue de USD 100 millones, con los que se impulsará el crecimiento de negocios liderados por mujeres de los segmentos mipyme. El banco estima que esta transacción beneficiará a unas 10.000 mujeres empresarias y emprendedoras. Perspectivas a futuro El escenario para este tipo de títulos valores genera optimismo y expectativas de mayores crecimientos en Ecuador, América Latina y en el mundo. No obstante, existen desafíos. Uno de los retos es que los mercados de valores son pequeños en los países en vías de desarrollo como el Ecuador; sin embargo, el aumento en la cantidad de emisiones, la diversidad de sectores financiados y el mayor apetito del sector privado por estos bonos pueden impulsar el dinamismo en los mercados bursátiles de la región en el corto y mediano plazo, señala el informe El rol de los bonos temáticos en América Latina en la transición climática, de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban). Para que esto se logre es necesario trabajar en taxonomías detalladas para bonos temáticos, señala el informe de Felaban. “Una taxonomía puede entenderse como un sistema de clasificación de acciones, actividades y proyectos encaminados a facilitar la identificación y clasificación de proyectos dentro de ciertas subcategorías de manera que las partes involucradas en un proceso de emisión de bonos temáticos cuenten con información completa para tomar sus decisiones de inversión o de financiación en este frente”. BID Invest lanzó recientemente una guía de ejecución, Sostenibilidad Financiera a través de los Mercados de Capitales, en la que se traza un mapa de ruta práctico para los emisores privados que buscan emitir bonos temáticos en línea con las mejores prácticas del mercado. Felaban, en tanto, trabaja junto con las asociaciones bancarias de la región tanto en la captura de experiencias e iniciativas en el desarrollo de taxonomías nacionales para finanzas sostenibles, en identificación de casos de éxito y de posibles mejores prácticas con el doble fin de promover la movilización de flujos financieros hacia este tipo de actividades. La banca privada del Ecuador está en sintonía con las realidades sociales y climáticas, y es consciente de la urgencia de trabajar en acciones que combatan el calentamiento global y reducir las brechas sociales. Una banca competitiva es aquella que está conectada con las causas que mueven al ser humano, sabemos que sin planeta tierra, ningún negocio tiene sentido. Desde Asobanca trabajamos en estrategias coordinadas para aportar con un grano de arena en este proceso. Por _ Evelyn Tapia, especialista en Gestión de Contenidos Asobanca