La banca privada ecuatoriana llega a 2026 con cifras que reflejan un sistema robusto, líquido y con capacidad de sostener el crecimiento del crédito sin comprometer la calidad de cartera. En una entrevista con Revista Ekos, Roberto Romero von Buchwald, Superintendente de Bancos, afirma que la estabilidad financiera no depende solo de buenos números, sino de una “supervisión técnica, control oportuno y confianza sostenida”. Bajo esa lógica, el funcionario sostiene que el desempeño de la banca no solo protege a los depositantes y usuarios, sino que también incide en la reputación financiera del país y en su capacidad de atraer inversión. Romero asegura que la entidad ha profundizado los mecanismos de supervisión, auditoría, control y monitoreo sobre más de 425 instituciones. El eje ha sido la supervisión basada en riesgos, con una mirada más precisa sobre los puntos críticos del sistema. “Estamos supervisando lo correcto”, afirma, al explicar que el propósito es garantizar que las entidades cumplan la ley, operen con criterios técnicos y reflejan esa disciplina en sus indicadores financieros. La solvencia supera con creces el mínimo requerido Uno de los datos que más destaca el Superintendente es la solvencia, considerada una de las señales más claras de fortaleza patrimonial. Por ley, el indicador no puede bajar del 9%, pero a enero de 2026 la banca privada registró 13,74%, mientras que el sistema financiero total, entre banca pública y privada, alcanzó el 16,16%. Para Romero, esa diferencia frente al umbral regulatorio demuestra que las entidades tienen capacidad para absorber pérdidas inesperadas sin afectar a los depositantes ni comprometer su estabilidad. La Morosidad baja y las provisiones al alza La lectura del riesgo crediticio también es favorable. A enero de 2026, la morosidad de la banca privada se ubicó en 3,15%, mientras que la del sistema total llegó a 3,82%. Sin embargo, el funcionario insiste en que el dato debe analizarse junto con la cobertura: la banca privada registra provisiones equivalentes al 211,52% de la cartera en mora y el agregado del sistema llega al 197%. A ese cuadro se suma un indicador de liquidez de 17,69% en el sistema financiero bancario público y privado. Para Romero, este nivel permite sostener dos funciones esenciales al mismo tiempo: seguir expandiendo el crédito y atender con holgura los retiros de los clientes. También te puede interesar: Ranking Financiero más crédito, más confianza, mayor dinamismo en la economía Esa combinación, dice, confirma una administración prudente de los recursos. “Las instituciones financieras tienen la provisión y la liquidez necesarias para hacer frente a las necesidades de los clientes sin ningún problema”, sostiene al defender el carácter conservador del sistema. Más crédito, mejor desempeño Uno de los aspectos más relevantes del año pasado fue que la cartera bruta creció 11,03% en 2025 y llegó a USD 56.152 millones; mientras que la morosidad disminuyó. A su juicio, esa combinación no es casual, sino el resultado de una colocación mejor estructurada. “A pesar de que se han otorgado más créditos y de que la cartera ha crecido, la tasa de mora disminuyó”, señala. El dato sugiere que el crédito se expandió con criterios técnicos y mejor gestión del riesgo. Esa lectura se refuerza con las captaciones. Entre enero de 2025 y enero de 2026, los depósitos crecieron 12,61%, de 55.033 millones de dólares a 61.970 millones. Para Romero, ese aumento refleja confianza en el sistema y en la supervisión. “Si no hay confianza, este indicador no sube”. Aspectos normativos Durante su gestión, la Superintendencia actualizó 22 normativas fundamentales vinculadas con inclusión financiera, seguridad cibernética, protocolos tecnológicos y prevención de lavado de activos. A ello se suma una nueva responsabilidad: supervisar a las fintech que realicen intermediación financiera. Para Romero, el criterio es simple. “Si una fintech capta recursos de la ciudadanía para otorgar créditos, hace la misma actividad que un banco y debe ser supervisada con la misma prolijidad”. Inclusión financiera y combate a estructuras ilegales El Superintendente resalta que en 2025 el sistema incorporó a 746.000 nuevos clientes que antes no tenían acceso a productos o servicios financieros. Ese avance convive con otro frente más complejo: el combate a organizaciones fantasmas que simulan ser entidades financieras. Hasta la fecha, la Superintendencia ha identificado a 72 de estas estructuras, muchas vinculadas a créditos digitales fraudulentos. El trabajo se ha articulado con la Fiscalía, la UAFE y otras autoridades, con denuncias, clausuras y seguimiento para evitar que estas operaciones sigan estafando a los ciudadanos. Prevenir antes que reaccionar A manera de conclusión, Romero insiste en que la confianza del sistema se preserva con reglas claras, procesos sancionatorios conocidos y una relación técnica cercana entre supervisor y supervisados. La meta, afirma, no es “castigar por castigar”, sino corregir a tiempo y anticipar riesgos. En esa ruta, la Superintendencia ya incorpora inteligencia artificial y modelos predictivos para detectar alertas antes de que se materialicen. “No queremos ser solo reactivos; queremos evitar que las cosas malas sucedan”, dice. En su visión, la fortaleza del sistema financiero ecuatoriano se explica, cada vez más, por esa capacidad de anticipación. Por: Andrés Calvopiña Cervantes Fotos: Vicente Costales