Marco Rodríguez, Director Ejecutivo de Asobanca, señala que el sistema bancario privado cerró 2025 con indicadores que reflejan solidez y un rol activo en la reactivación. “La banca en 2025 acompañó fuertemente al país en el proceso de reactivación”, sostuvo, al revisar crédito, ahorro, calidad de cartera y el debate regulatorio pendiente. En cuanto al crédito, detalló que la cartera creció 12,2% y alcanzó USD 51.558 millones, por encima del 9% registrado en 2024. El impulso, añadió, fue más marcado en los segmentos productivos: considerando pymes, empresarial y corporativo, ese financiamiento “creció a más del 18%”. Si se suma el microcrédito (que ubica como apoyo a la ‘base de la pirámide’), el saldo supera los USD 27.000 millones”. Rodríguez sostuvo que la mezcla entre crédito productivo y consumo refleja un balance funcional para la economía. “En el saldo total de la cartera de crédito, el 60% aproximadamente se presta a los sectores productivos, y el 40% al consumo”. También explicó que el crédito de consumo no debe leerse únicamente como gasto, sino como un soporte de la demanda interna y, por extensión, de la producción. “Muchas veces se lo cuestiona, pero cuando no existe un buen nivel de crédito de consumo no existen los incentivos adecuados para producir”, afirmó. Asimismo, planteó que este tipo de financiamiento puede operar como una vía de entrada al sistema formal, permitiendo construir historial y, con ello, abrir el acceso a crédito productivo en mejores condiciones. Si hablamos de depósitos, 2025 reportó un cierre positivo tras un primer trimestre desafiante. “Los depósitos cerraron con un crecimiento del 14,2%, llegando a superar los USD 60.000 millones”. Para el experto, ese desempeño “muestra claramente la confianza de los depositantes en la banca privada y una base más amplia de recursos para sostener el ciclo de crédito”. 3% en morosidad y provisiones por encima de 200% Al hablar del riesgo, Marco Rodriguez destacó que la morosidad de la banca privada cerró en 3% en la cartera agregada y “con tendencia a la baja”. Insistió en que el crédito se gana en la evaluación: “La importancia del crédito está en hacer una muy buena evaluación, ya que los recursos que se prestan son del depositante”. En provisiones, subrayó el colchón técnico del sistema: “Por cada dólar que no se va a pagar existe, algo más de USD 2 en reservas, y la cobertura sobre cartera improductiva supera el 200%”. Rentabilidad y capital Sobre rentabilidad, el líder de Asobanca señaló que hubo un cierre de 13,5% en 2025 y recalcó que Ecuador está entre los países con menor rentabilidad bancaria regional. Recordó además que la banca recién vuelve a niveles cercanos a la pre pandemia: “A diciembre de 2019 era 13,56”. En cuanto al capital, enfatizó que el crecimiento del crédito depende del fortalecimiento patrimonial y que el sector reinvierte una parte alta de utilidades: “Aproximadamente USD 7 de cada USD 10 se reinvierten”. También te puede interesar: Juntos podemos construir un futuro sostenible y próspero ¡Únete a la transformación! La banca privada como primera línea de alerta contra el lavado de activos Rodríguez afirmó que la banca es el primer filtro que activa las alertas del sistema cuando existe sospecha de lavado de activos. “No existe proceso de investigación que no tenga su origen en un Reporte de Operación Sospechosa (ROS) presentado oportunamente por una institución bancaria”. Explicó que los bancos monitorean el perfil transaccional de sus clientes y, cuando detectan movimientos fuera de ese patrón, analizan el caso y, si corresponde, remiten un ROS a la UAFE. En 2024, siete de cada diez reportes fueron emitidos por entidades bancarias; y en 2025, el volumen de reportes creció más de 40%. Añadió que estos controles “hoy están incorporados en sistemas de IA, algoritmos y data mining”, lo que permite generar alertas con mayor rapidez y precisión. Inclusión financiera en el sistema bancario: El alto ejecutivo vinculó el “chulco” con el crimen organizado y destacó que, “los intereses de estas transacciones ilegales pueden alcanzar hasta el 1.238% de interés”, además de ser un círculo vicioso del cual no se puede salir por miedo a represalias. A su juicio, el freno para generar mayor formalidad e inclusión en el acceso a créditos, es un sistema de tasas que no reconoce riesgo individual. Para contrarrestar esta problemática, pidió una discusión “seria y técnica” para administrar el riesgo individual por historial, más garantías crediticias y menos fricciones documentales como sucede en otros países. Fintech y regulación: Rodríguez sostuvo que el debate sobre las fintech debe regirse por un principio de equivalencia: “Ante una misma actividad hay un mismo riesgo y, en consecuencia, tiene que haber una misma regulación”. Bajo esa premisa, planteó que la supervisión debe buscar una “justa proporcionalidad”, de modo que la innovación no se frene, pero se mantengan controles de ciberseguridad, prevención de fraude y protección al usuario. En ese marco, identificó una restricción que -a su criterio- limita el desarrollo del ecosistema: “Ecuador es el único país en el mundo en donde el sector bancario está prohibido, por ley, de invertir en el sector fintech”. Añadió que la Superintendencia de Bancos ha avanzado en normas para supervisar a las empresas auxiliares del sistema financiero -donde se concentra gran cantidad de fintech- y que ese enfoque busca “no matar la innovación”, sino encauzarla bajo estándares de control. El crédito como motor 2026: crecimiento esperado de alrededor del 10% y 12% De cara a 2026, Rodríguez proyectó que el crédito crecería entre 10% y 12%, con una demanda que podría repuntar tras un 2025 marcado por cautela ante la crisis eléctrica, la inseguridad y los ciclos electorales. Señaló que este año se abre una ventana de oportunidad por los cambios de autoridades en la Junta de Política y Regulación Financiera y Monetaria y en la Superintendencia de Bancos, y anticipó la disposición del sector a un acuerdo: “La banca está dispuesta a hacer un gran pacto por el crédito en el Ecuador”, siempre que vaya acompañado de reformas y de una hoja de ruta con metas claras y verificables. La banca en 2025 acompañó fuertemente al país en el proceso de reactivación