En el contexto actual del país, donde es necesario fortalecer la competitividad y diversificar la matriz productiva, la relación entre academia, empresa y comunidad se vuelve determinante para el desarrollo regional. La formación de talento, la innovación aplicada y la generación de conocimiento útil se consolidan como factores clave para dinamizar las economías locales y abrir nuevas oportunidades. En este escenario, en Ekos entrevistamos a Enrique Pozo, Rector de la Universidad Católica de Cuenca, para analizar el rol que desempeña la educación superior en el crecimiento del Azuay y del país. El rol de la academia Para el rector, la universidad cumple un rol decisivo en el fortalecimiento del tejido productivo y empresarial. “Esto ocurre a través de la formación de capital humano especializado, la creación de alianzas con el sector privado, la actualización continua de profesionales, la incubación de emprendimientos y la ejecución de proyectos de innovación y transferencia tecnológica”. Investigación para atraer inversión y crear empleo La investigación universitaria también tiene un papel central en el desarrollo económico. Su verdadero impacto aparece cuando se articula con los desafíos del sector productivo, generando conocimiento útil para resolver problemas reales, transformar industrias, impulsar innovación y crear empleo. Pozo señala la necesidad de fortalecer la investigación aplicada, gestionar propiedad intelectual y promover centros de transferencia tecnológica, junto con alianzas que faciliten la atracción de inversión nacional e internacional. La presencia universitaria contribuye, además, a la descentralización económica. Al ofrecer formación en distintas provincias y cantones y adaptarse a realidades diversas, se evita la concentración del desarrollo en las grandes ciudades, se reduce la migración y se dinamizan economías regionales. La educación superior, “debe democratizar oportunidades, fortalecer la cohesión territorial y formar líderes que impulsen la creación de polos regionales de innovación”, señala Enrique. También te puede interesar: Innovación con rumbo nacional Principales desafíos La reducción de la brecha existente entre la formación académica y las necesidades del mercado -con programas de formación dual-, la generación de estructuras sólidas y permanentes de contribución en los distintos ejes sustantivos del quehacer universitario y empresarial. La generación de fondos para investigación aplicada. Fortalecer e impulsar el desarrollo tecnológico y la transformación digital. Oportunidades para elevar la competitividad Por otro lado, entre las diversas oportunidades para impulsar la competitividad económica se destacan: “la formación de talento humano especializado y la diversificación de la matriz cognitiva mediante carreras cortas y técnicas que respondan a sectores claves, la generación de alianzas estratégicas con empresas y gremios empresariales para generar investigación aplicada, la internacionalización académica que permite acceder a redes globales y metodologías de frontera, el fortalecimiento del emprendimiento universitario con startups de base científica y tecnológica”, concluye el experto.