Es importante que las compañías midan la huella de carbono. “Pueden cuantificarla como empresa, proceso o producto, se ejecutan acciones para reducirla, mejorando aspectos como la logística, uso de vehículos apropiados, etc. Luego, las verificadoras internacionales revisan la huella de carbono inicial, lo que logró reducirse y lo que falta. Por ejemplo, 100 toneladas de C02, se cruzan con siembra de árboles o economía circular”, así lo indica Lilyán Yépez, Corporate Sustainability Officer de Soy Responsable. El Smart contract, un paso de gestión eficiente El Smart contract es un contrato que ejecuta automáticamente acciones conforme un contrato predefinido. “Es un convenio con trazabilidad, con el blockchain se pueden revisar, por ejemplo, las hectáreas de bosque sembradas”. Mientras que los oxitokens permiten saber la información y la ubicación exacta del proyecto, cuánto oxígeno se capturó. Es una herramienta segura, porque no puede modificarse. Otro concepto que explica Yépez es el de finanzas regenerativas, que significa dinero invertido en regenerar entornos. “Si una empresa maderera utiliza bosques y corta árboles por sectores, sí puede renovarlos, pero si deforesta 18.000 hectáreas “de golpe” es imposible. De una forma programada, sí se pueden trabajar proyectos sin afectar el ambiente”. La experta asegura que no todas las compañías pueden cruzar su huella de carbono con reforestación y su opción es la economía circular. Por ejemplo, una empresa que usa envases plásticos puede traerlos de vuelta a su planta de producción. Este proceso se conoce como logística inversa a fin de aumentar el ciclo de vida de un componente como el plástico.