Plan International, organización sin fines de lucro con 60 años en Ecuador, llega al sector corporativo desde el otro lado del desarrollo. Se enfoca en transgredir las normas sociales que violentan y discriminan a niñas y adolescentes, y dar un alto a la violencia física, sexual y psicológica; con el fin de garantizar sus derechos y promover la igualdad de género. “Queremos que las niñas se conviertan en protagonistas de sus propias vidas”, afirma Rossana, tras señalar que en el país 1 de cada 14 adolescentes está embarazada. Ecuador, añade, es el segundo país de América Latina con la tasa de desnutrición más alta y 1 de cada 3 niñas experimenta alteraciones en su desarrollo. A esta problemática se suma que 3 de cada 10 hogares tiene acceso a Internet en zonas rurales, por lo que la mayoría no ha tenido oportunidad de estudiar en tiempos de Covid. “¿Cómo avanzamos de esta manera?”, se pregunta la directora de Plan International Ecuador. Nataly es un caso de éxito del programa de Plan International Ecuador. Desde pequeña asistió a los talleres y campañas de la ONG, donde recibió capacitaciones para prevenir el embarazo y cursos de empoderamiento femenino. “Ahora me autocuestiono en cada decisión que tomo y me pregunto si realmente es lo que quiero hacer”, cuenta. Asimismo habla de las mentoras de liderazgo que las acompañan a lo largo de su desarrollo. “Tenemos la suerte de compartir con ellas, de estar junto a mujeres que nos inspiran, que se posicionan como referentes en nuestras vidas”. Rossana explica que las iniciativas de Plan Internationa promueven el feminismo, concebido como la armonía entre hombres y mujeres, “como individuos que nos desarrollamos sin diferencias”. Ahora su programa acoge a 600 niñas rurales que cuentan con espacio donde se expresan y desarrollan libremente. En este sentido, Nataly expresa que Plan International es una red de mujeres poderosas, en la cual niños y jóvenes hombres también participan, y juntos han construido un hogar. Ahora la realidad de estas jóvenes es otra: son mujeres profesionales convertidas en arquitectas, administradoras, auditoras.. “Si las niñas y niños de todo el mundo acabaran -al menos- su educación secundaria, la pobreza a nivel mundial disminuiría en un 50%”, dice. Ahí la importancia del desarrollo educativo de niñas y jóvenes.