Su fundador, John Walker, se inició vendiendo su propio destilado en una tienda que compró en Kilmarnock, occidente de Escocia, luego de vender una finca que le había dejado su padre. Tenía solo 20 años cuando empezó y la fama del whisky siguió con su hijo Alexander Walker, que se hizo cargo del negocio en 1857. La botella cuadrada se impone en 1860, para salvaguardarla de los viajes largos. Pronto la marca tuvo condecoraciones en distintos países y tras continuar en manos de la familia Walker, aparecieron tres variaciones: Old Highland Whisky, Special Old Highland y Extra Special Old Highland, con diferentes colores. El Old Highland Whisky pasó a denominarse Johnnie Walker Black Label, pues la intención de los propietarios fue tener el whisky de “mayor calidad del mundo”. Su sello, además, es uno de los más famosos. Su inclusión fue en 1908 y según los herederos, le hace honor al apellido de la familia. Nació en un almuerzo entre George y Alexander II Walker y el famoso caricaturista Tom Browne. También te puede interesar: La historia de KFC: de jubilado endeudado a multimillonario a los 74 años Se cuenta que este último hizo el boceto que después de las dos guerras mundiales quedó a cargo del caricaturista Leo Cheney, “le dio al símbolo la imagen de un caminante patriota, sociable y dinámico”. En 1999, el diseñador Michael Peters hace una versión por la llegada del nuevo milenio, y el famoso caminante cambia sus pasos de izquierda a derecha, con un sentido de “progreso personal”. Fuente: El Tiempo