El proyecto conectará Tokio y Nagoya en aproximadamente 40 minutos a lo largo de un trayecto de 286 kilómetros, reduciendo casi a la mitad el tiempo actual de viaje en tren de alta velocidad convencional. En una segunda fase, la línea se extenderá hasta Osaka, consolidando un corredor estratégico entre tres de las áreas metropolitanas más importantes del país. La inversión estimada supera los USD 60.000 millones, posicionándose entre los proyectos de infraestructura ferroviaria más costosos y ambiciosos a nivel global. Cerca del 80% del recorrido será subterráneo, incluyendo túneles de gran complejidad técnica, lo que convierte a la obra en uno de los mayores desafíos de ingeniería en la historia reciente de Japón. También te puede interesar: K9-X: la nueva vigilancia robot rumbo al Mundial 2026 El sistema maglev utiliza tecnología de levitación electromagnética, lo que elimina el contacto entre el tren y los rieles, reduce la fricción y permite alcanzar velocidades muy superiores a las de los trenes bala tradicionales, que operan entre 300 y 320 km/h. Más allá de la velocidad, el proyecto responde a una estrategia de largo plazo orientada a fortalecer la competitividad del país. La reducción de tiempos de traslado entre megaciudades impulsa: Mayor integración económica regional Incremento en la productividad empresarial Optimización de viajes corporativos Competencia directa con vuelos de corta distancia El corredor Tokio - Nagoya - Osaka concentra una parte significativa del PIB japonés y de su actividad industrial, tecnológica y financiera, por lo que la mejora en conectividad tiene implicaciones directas en el dinamismo económico nacional. Fuente: El Cronista.