Hace décadas, el país del sol naciente era el gran foco del sector tech a nivel internacional, el que maravillaba a medio mundo con su impulso, hogar de grandes multinacionales como Sony, Panasonic o Sharp y cuna de las calculadoras de bolsillo o el Sony Walkman, gadgets que marcaron a toda una generación. Al día de hoy, la situación es bien distinta. Japón está lejos de encabezar los rankings mundiales de implantación digital. Entre los países de la OCDE, ocupa el puesto 27 en competencia digital. Según datos de Statista, el año pasado, el IMD lo situó como 28º en el ranking de competencia digital, por detrás de otras naciones como Corea del Sur o Malasia. Los datos no corresponden con lo que se podría esperar de la tercera nación más rica del mundo. También te puede interesar: Japón se convierte en la primera gran economía en aprobar ley sobre stablecoins Esa realidad deja una huella en la digitalización de la propia administración y las empresas. A pesar de que Japón lanzó su primera iniciativa digital hace ya dos décadas, en 2018 solo el 7,3% de los ciudadanos solicitó algún trámite online, lejos de los datos de otras naciones con, a priori, un perfil tecnológico menos pronunciado como Islandia o Eslovaquia. Ese mismo año la ONU lo situó como el décimo país en gobierno digital. La situación no es muy distinta en el sector privado. En un comunicado emitido este mismo mes, el FMI puso el dedo en la llaga y deslizó las ventajas que tendría para el país ahondar en la digitalización. La conclusión del FMI es muy clara. “La pandemia ha subrayado la adopción desigual de la tecnología en Japón. A pesar de que es uno de los mayores usuarios de robots industriales y hogar de una importante industria electrónica, todavía va a la zaga de otras economías en la adopción de la digitalización por parte de las empresas, el gobierno y el sector financiero”, advirtió el organismo internacional. A modo de ejemplo, sus técnicos señalan la “debilidad estructural” con la que se encontraron las empresas cuando quisieron implementar el teletrabajo. “Redujo la producción económica y socavó la productividad en un momento crucial. Los procedimientos en papel obstaculizaron las respuestas del gobierno al brote, lo que retrasó el programa de efectivo de emergencia de 2020", concluyen. Cuando se aplicó el teletrabajo, la mayoría de corporaciones niponas se encontraron, por ejemplo, con que carecían de planes de contingencia para operar en remoto. Algunas ni tenían experiencia con Zoom. El estado de la administración nipona quedó de manifiesto también el verano pasado durante los Juegos de Tokio, cuando los propios atletas se quejaron de la cantidad de impresos en japonés que debían cubrir y el caos con las apps que tenían que descargarse. Otra de las formas de ver el fenómeno que registra Japón es analizar su panorama de unicornios, startups jóvenes que superan los USD 1.000 millones de valoración, incluso antes de su salida a bolsa. La lista de CB Insights, que identifica 1.170 unicornios a nivel global, reconoce solo seis en Japón: Opn, Playco, Spiber, SmartHR, SmartNews y Preferred Networks, enmarcadas en áreas como fintech, telecomunicaciones y dispositivos móviles o inteligencia artificial. Quedan lejos de los datos de Estados Unidos, Reino Unido, China o la India. La vecina Corea del Sur sumó ese mismo año 14 y Singapur contó con otras 13. ¿Cuáles son las razones? El cambio de tendencia no es nuevo en Japón. Hace una década, en 2012, había ya expertos que alertaban de que el país estaba perdiendo su posición dominante en la electrónica de consumo o, incluso, el complejo escenario que se abría a sus grandes firmas tech. También te puede interesar: Dubái lanza estrategia económica para convertirse en una meca del metaverso ¿Las razones? En Rest of World apunta como una de las claves la alianza entre el sector público y privado, que dio grandes resultados, pero se reveló incapaz de responder con agilidad a la competencia planteada por una nueva generación de emprendedores que empujó con fuerza desde otras latitudes del mundo. No es el único factor. Los expertos señalan una combinación de elementos entre los que se incluye la fortaleza del yen, lo que pudo complicar el traslado de las innovaciones a un mercado de masas o un cambio de escenario en la propia Asia, en el que con los años, han ido ganando fuerza China y Corea del Sur. Otra clave es el respaldo financiero a los proyectos innovadores. El país dispone de programas de impulso, incluido J-Startup. La realidad, sin embargo, es que en 2019 las startups recién nacidas, de entre uno y tres años, recibían una media de USD 91.000 de financiación frente a los algo más de USD 2,5 millones de las que ya tenían a sus espaldas una trayectoria de entre un lustro y siete años. Las últimas décadas han estado marcadas también por el impulso de grandes competidores extranjeros como Apple, Amazon, Meta o, incluso, Samsung, que han sabido ganarse una importante cuota de mercado coincidiendo con los años en que firmas como Sony, Panasonic o Sharp, pasaban por horas bajas. En la compleja ecuación que explica el cambio de escenario se cuela también un factor de cultura corporativa. Las empresas japonesas, muy ingenieriles y centradas en el producto, no han sido capaces de dar el salto a la era de la experiencia. Siguen haciendo productos que son muy buenos técnicamente, pero sin la experiencia de usuario. Fuente: Xataka