Si disfrutas oler el aroma a tierra mojada (geosmina) de las primeras horas de la mañana o sientes relajación al percibir el petricor (olor a lluvia cuando esta cae en suelos secos). Si eres de aquellos que cada cierto tiempo siente la necesidad de ver el agua fluir en una cascada, o contemplar las olas del mar ir y venir. Si te gusta caminar descalzo sobre la arena o sobre un verde césped. Si disfrutas del aroma de las flores o las plantas medicinales en su máximo esplendor; o si tan solo caminar rodeado de árboles te produce calma. La respuesta es porque la naturaleza tiene un enorme poder sobre ti y tu cuerpo y mente lo saben. El mundo avanza rápido, en especial para quienes viven en las grandes ciudades. Entre despertar temprano, desayunar a prisa, cumplir con las tareas diarias, muchas veces olvidamos esos detalles que se encuentran alrededor: como caminar en un parque o espacios verdes cercanos, rodeados de árboles y respirar un aire más puro. Hace cinco años, el mundo se paralizó a causa de una pandemia provocada por el COVID-19 lo que aumentó significativamente las afectaciones mentales como la depresión o ansiedad. Pero también se incrementó la necesidad de conectar con la naturaleza. Según una publicación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) titulada “Green and blue spaces and mental health: new evidence and perspectives for action (Espacios verdes y azules y salud mental: nueva evidencia y perspectivas para la acción)”, esta organización ha estado siguiendo de cerca la investigación sobre espacios verdes y azules debido a su importancia en la salud humana y del ecosistema en la planificación urbana, especialmente en el contexto del cambio climático. Se ha prestado especial atención a los efectos de estos espacios en la salud mental. En este informe también se destaca que “Durante la pandemia de COVID-19, la naturaleza actuó como un recurso esencial para mantener la salud mental, brindando alivio emocional y oportunidad de conexión social segura”. Por otro lado, el Grupo de Trabajo de Expertos de EKLIPSE sobre Biodiversidad y Salud Mental llevó a cabo dos revisiones sistemáticas sobre los tipos y características de los espacios verdes y azules en relación con un amplio conjunto de aspectos de la salud mental. En ellos se determinó que: “Los espacios naturales, como parques, ríos o zonas costeras, reducen el estrés, la ansiedad y la depresión, especialmente en contextos urbanos”. La mejor medicina son los espacios verdes & azules Muchas veces, no caemos en cuenta que la mejor medicina está más cerca de lo que nos imaginamos. En un artículo de Sharon Theimer para la web de Mayo Clinic, se recogen algunas afirmaciones como “no te sorprendas cuando, en tu próxima visita al médico, te den una receta médica de parques en lugar de pastillas”. En dicho artículo se menciona el término biofilia. “Este término hace referencia a que estamos programados para estar conectados con la naturaleza; existe algo saludable en tener naturaleza a su alrededor o estar presentes en ella”, dice el Dr. Brent Bauer, médico general en medicina interna en Mayo Clinic, citado en dicho artículo. “Se ha investigado mucho este tema. Ya no solo se trata de que la naturaleza luce bien. Sabemos que también hace bien. Diversos estudios comenzaron evaluando a personas que viven en la ciudad y luego las llevan a un bosque. ¿Qué sucede con la presión arterial?, ¿qué sucede con la frecuencia cardíaca? Los resultados demuestra que tenemos mejores resultados en un entorno natural”, comenta. Además agrega que por ese motivo, muchos profesionales de atención médica escriben “recetas médicas de parques”. “En mi opinión, se trata más de resaltar la importancia de estar en la naturaleza. Ahora efectivamente tenemos una receta médica”, dice el Dr. Bauer. También te puede interesar: Ni de chiste se humilla a una persona El artículo, además, menciona que los estudios sugieren que la dosis más efectiva de naturaleza es al menos dos horas a la semana. Y, si no puedes salir, lleva la naturaleza adentro. “Escuchar el canto de los pájaros, los sonidos de la naturaleza, tener una fuente de agua e incluso tener elementos alrededor que estén hechos de piedra o madera también tiene muchos beneficios”, dice el especialista. La bacteria que vive en la tierra que nos hace sentir más felices La naturaleza es una de las aliadas al momento de generar serotonina, conocida como la hormona de la felicidad. Hace unos años, se descubrió que existe una bacteria presente en la tierra llamada Mycobacterium vaccae, la cual es capaz de disminuir la ansiedad y mejorar la función cognitiva. Según el portal El Confidencial, los beneficios de esta bacteria fueron descubiertos, por accidente, por Mary O’Brien, oncóloga del Royal Marsden Hospital de Londres. Ella fue la primera que utilizó la bacteria en pacientes con cáncer de pulmón en un intento de aliviar sus síntomas. No obstante, durante el tratamiento, también se notó un aumento en la alegría, la felicidad y una mejora en el estado de ánimo en general de los pacientes, así como menos náuseas y dolor. Christopher Lowry, un neurocientífico de la Universidad de Bristol hizo estudios posteriores y descubrió que esta bacteria tiene el mismo efecto que los medicamentos antidepresivos. Por esta razón, una de las mejores formas de cuidar la salud mental es el contacto directo con la naturaleza. Los baños de bosques japoneses Los “baños de bosque” o shinrin-yoku son una práctica japonesa que consiste en sumergirse conscientemente en un entorno natural, especialmente bosques, para mejorar el bienestar físico y mental. El término significa “absorber la atmósfera del bosque” y fue acuñado inicialmente por técnicos de la Agencia Forestal de Japón. Sin embargo esta práctica es antigua ya que su concepto está inspirado en prácticas budistas ancestrales y en el sintoísmo, una religión nativa de Japón que venera los espíritus de la naturaleza. No implica ejercicio intenso, sino caminar despacio, respirar profundamente, observar, oler y tocar con atención. Estudios en Japón han demostrado que esta práctica reduce el estrés, la ansiedad, la presión arterial y fortalece el sistema inmunológico. Se promueve como una forma accesible de prevención y autocuidado a través de la conexión profunda con la naturaleza. Para promover esta práctica terapéutica, la Agencia Forestal nipona nombró en 2017 a cerca de 50 bosques como centros de terapia forestal y espera expandir el número a 100 en la próxima década. El friluftsliv, la pasión finlandesa de pasar tiempo al aire libre El friluftsliv es una filosofía de vida finlandesa que promueve el contacto constante con la naturaleza. Su práctica, que puede incluir actividades como caminar, acampar o simplemente disfrutar de paisajes naturales, es considerada esencial para el bienestar físico y mental. En Finlandia, se valora profundamente la conexión con el aire libre, ya que se cree que mejora la salud, reduce el estrés y fomenta un estilo de vida equilibrado. Además, se ha demostrado que pasar tiempo en la naturaleza aumenta la felicidad y fortalece las relaciones sociales. Según los habitantes de la capital finlandesa, el secreto de una vida feliz es disfrutar de los momentos sencillos y trascendentes, conectando con la naturaleza, la comunidad y la creatividad. Este país, además, ha sido reconocido como el más feliz del mundo por octavo año consecutivo, según el Informe Mundial de la Felicidad 2025. Este reconocimiento se atribuye en gran medida a la estrecha conexión de los finlandeses con la naturaleza. Para compartir este enfoque con el mundo, Visit Finland lanzó campañas como la “Happiness Masterclass” en 2023 y, en colaboración con Helsinki Partners, presentó en 2024 la iniciativa “Helsinki Happiness Hacks”. Estas campañas invitan a personas de todo el mundo a experimentar de primera mano las prácticas finlandesas que promueven la felicidad, destacando actividades al aire libre y la vida en armonía con la naturaleza. Los pueblos andinos y su contacto con la naturaleza Los pueblos andinos mantienen una conexión espiritual, cultural y cotidiana con la naturaleza, basada en principios ancestrales como el respeto y la reciprocidad con la Pachamama (Madre Tierra). Esta cosmovisión considera que la tierra, el agua, el sol y las montañas no son solo recursos, sino seres vivos con los que se establece una relación de equilibrio. Las prácticas agrícolas, los rituales y las festividades están profundamente ligadas a los ciclos naturales, reflejando una forma de vida que prioriza la armonía entre el ser humano y su entorno. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo abarcan una serie de saberes, técnicas, competencias, prácticas y representaciones que las comunidades han creado en su interacción con el medio natural. Por otro lado, salvaguardar una visión del mundo o un sistema de creencias es aún más difícil que preservar un entorno natural. Lugares en Ecuador para desconectar del estrés & conectar con la naturaleza Parque Nacional Machalilla (Manabí): playas vírgenes, senderos en bosque seco tropical, y la isla de la Plata, rica en biodiversidad marina. Reserva Manglares Churute (Guayas): navegación en canoa por manglares y caminatas en bosque tropical húmedo, hogar de monos aulladores y aves acuáticas. Isla Isabela: volcanes, lagunas de flamencos, túneles de lava y senderos en contacto directo con tortugas gigantes y aves endémicas. Isla Santa Cruz – Reserva El Chato: Espacio protegido donde se pueden observar tortugas gigantes en su hábitat natural, rodeado de vegetación y tranquilidad. Reserva Biológica Mashpi (Pichincha): un bosque nublado rico en biodiversidad, ideal para caminatas, observación de aves y experiencias inmersivas en la selva. Bosque Protector Mindo-Nambillo (Mindo): famoso por su avifauna, cascadas y actividades como canopy o baños de bosque. Parque Nacional Cajas (Azuay): un ecosistema de páramo lleno de lagunas y caminos para caminatas en silencio y meditación. Laguna de Cuicocha (Imbabura): un cráter volcánico rodeado de senderos ecológicos, perfecto para caminatas conscientes y vistas espectaculares. Por: Cristina Guevara