Cuando de primicias y de cumplir retos se trata, Iván Vallejo es un ejemplo. Es el primer ecuatoriano y séptimo en el mundo en haber escalado las 14 montañas más altas del planeta sin ayuda de oxígeno suplementario. Como lo menciona en su página oficial, nació un 19 de diciembre, hace 64 años, cerca de las 11:00 de la noche, en Ambato, Tungurahua, Ecuador; una zona andina, rodeada de montañas como las que luego serían su reto y aprendizaje en la vida. Cuenta que del vientre su mamá, salió de pie y el doctor le aseguró, “este niño tendrá mucha suerte en la vida “. No se equivocó. Ahora se considera un hombre con suerte, “porque vivo en medio de las montañas, y gracias a Dios ese ha sido mi universo desde que tengo 12 años de edad”. En estos días, Iván Vallejo está presente en las pantallas grandes de los principales cines del país a causa del documental “Al otro lado de la niebla”, dirigida por Sebastián Cordero, en la cual ambos personajes transitan en un diálogo que va más allá de sus carreras. El célebre montañista visitó la sala de redacción de Ekos para hablar de su historia de vida, de sus sueños y logros. Y, por supuesto, de sus aprendizajes. Sin duda, la actitud marca la diferencia, y eso se refleja en todas las acciones de la vida. Para ti, ¿qué es tener actitud positiva? En este fascinante viaje que es la vida, siempre nos enfrentamos a exigencias y dificultades. Para mí, la mejor metáfora de esta experiencia es la montaña, siempre desafiante. ¿Qué es lo que me atrae de ella? Llegar a la cima y sentir que es la culminación de todo el proceso: el entrenamiento, la logística, los sueños. En la montaña, como en la vida, enfrentamos situaciones demandantes que nos hacen cuestionarnos. He experimentado miedo y dudas, pero la vida se trata precisamente de eso. Desde mi perspectiva, la actitud positiva es clave para ver el lado luminoso incluso en las circunstancias más complicadas. Ser optimista cuando todo marcha bien no requiere esfuerzo; es cuando enfrentamos dificultades que el optimismo cobra verdadero valor. Mencionas una palabra importante, el miedo, pero tal vez el miedo puede ser un disparador de transformaciones en las personas. ¿Cómo entiendes el miedo siendo un hombre que ha escalado las 14 cimas más altas del mundo? Enfrentarse al miedo, tanto físico como emocional, es una experiencia real y profunda. ¿Cómo podemos interpretar el miedo? Es un poderoso aliado en la consecución de metas y objetivos. Identificamos dos tipos de miedo: uno patológico, que paraliza y conduce al abandono, y otro que despierta, cuestiona y nos impulsa a tomar precauciones. Ayer un colega tuyo me hizo una pregunta: ”Si insistes en que te gustaría no morir en la montaña, sino dormir en tu casa con tu familia, ¿por qué te vas entonces a la montaña donde hay un riesgo continuo de morirte? Yo le contesté: no me voy a la montaña buscando la muerte, me voy buscando la vida y el miedo que tengo a morirme en la montaña me lleva a que tenga todos los cuidados que corresponde, así como el equipo humano con el que elijo trabajar. Se han dado ocasiones que he regresado con frustración de no poder llegar a la cumbre porque me da miedo morirme. Por ejemplo, una vez había entrenado durante nueve meses para ese momento y había pasado un mes y medio en la montaña. Experimentar el ascenso a la cima fue emocionante, pero también esperado. Finalmente, el 1 de mayo, nos dirigimos hacia la cumbre, pero nos detuvimos a 300 metros debido al riesgo de avalanchas. Enfrentábamos un peligro mortal. Me sentí frustrado y enojado al regresar, pero el miedo a morir me impidió cruzar ese límite. Volví al año siguiente y luego una tercera vez, enfrentando los desafíos del cambio climático. Estos momentos de miedo y adversidad resaltan la importancia de la persistencia en el liderazgo. Aunque tuve miedo en mi tercer intento, demostré mi valentía al enfrentarlo nuevamente. En la montaña, ¿cuáles son los aprendizajes que transmites para que la gente se dé cuenta de que los problemas pueden tener diferentes soluciones? Saber decir “sí” y “no” es crucial. Me encanta este trabajo, hablar sobre la montaña y hacer analogías con la vida personal y profesional. A veces, cuando no hay una definición clara de lo que se quiere lograr, es importante reflexionar. El primer paso es tener una claridad absoluta sobre lo que deseas lograr, estableciendo metas concretas y numéricas. Por ejemplo, este año quiero que mi emprendimiento crezca un 7%, lo cual es crucial. No se puede aspirar a un crecimiento “más o menos” porque la meta debe ser precisa, como subir una montaña específica, como el Chimborazo. En mi experiencia en la montaña, he aprendido la importancia de tener objetivos numéricos claros. Por ejemplo, me comprometí a escalar los 14 ochomiles, y aunque la última montaña fue desafiante, debía cumplir con mi compromiso. En la definición de un proyecto, la claridad y la cuantificación son esenciales. La disciplina también es fundamental en el proceso.