En empresas, el foco ya no es solo automatizar tareas, sino rediseñar procesos, elevar productividad y crear nuevas ventajas con datos, modelos y agentes que ejecutan flujos completos bajo control y medición. Ese cambio se ve en el reporte El estado de la IA en las empresas 2026 de Deloitte, basado en una encuesta a 3.235 ejecutivos de 24 países. El estudio retrata una transición acelerada hacia despliegues más amplios, pero también la brecha entre “probar” y “producir valor” a escala. La adopción se “masifica” dentro de las organizaciones: Deloitte reporta que cerca del 60% de trabajadores ya tiene acceso a herramientas de IA aprobadas. La oportunidad está en convertir ese acceso en impacto sostenido, evitando usos superficiales y empujando cambios reales en procesos clave. También te puede interesar: “No estamos aquí para mantener sistemas; estamos aquí para transformar el negocio” En paralelo, el mercado global entra en modo inversión. Gartner proyecta que el gasto mundial en IA alcance USD 2,52 billones en 2026 (44% más que en 2025), impulsado por infraestructura, software y servicios. Para los directorios, esto consolida la IA como parte central del presupuesto tecnológico. La siguiente ola se conecta con la industria real: la IA física. NVIDIA la define como la capacidad de sistemas autónomos —robots, cámaras, vehículos— de percibir, razonar y ejecutar acciones en el mundo físico. El concepto gana tracción por la combinación de cómputo, simulación y despliegue en el borde. Para Ecuador, el ángulo B2B es claro: la IA empresarial mejora costos, servicio y control; la IA física promete productividad en logística, manufactura y operaciones distribuidas. El reto común es gobernanza: seguridad, datos, auditoría, y “quién decide” cuando los agentes o sistemas autónomos actúan.