En Ecuador persisten importantes desigualdades entre hombres y mujeres en cuanto a participación laboral, liderazgo y salarios, lo que afecta el crecimiento económico del país. Avances recientes como el aumento en la representación femenina en el parlamento nacional, y en el marco normativo con la Ley de Economía Violeta de 2023, no son suficientes. El “techo de cristal” sigue limitando el acceso de las mujeres a cargos de decisión: las mujeres ocupan solo el 38,4% de los puestos directivos en el sector privado y ganan USD 77 por cada USD 100 que obtiene un hombre. También dedican 3.5 veces más tiempo a actividades no remuneradas, son más propensas a empleos no remunerados, trabajan en mayor medida desde la informalidad, y 81% de ellas trabaja en actividades de bajo ingreso, como agricultura y comercio, en comparación con el 60% de los hombres. Nos estamos perdiendo del potencial de crecimiento que hay en avanzar en igualdad de género: el tamaño de la economía latinoamericana podría aumentar hasta un 22,5% si se incrementa el empleo femenino con mayor calidad de acuerdo con las cifras estimadas por el BID en su publicación “La Gran Oportunidad: de la Crisis a la Transformación del Empleo Femenino”. La comunidad internacional impulsa la paridad de género en Ecuador La banca y ls cooperación internacional apoyan la paridad de género en Ecuador a través de la Iniciativa de Paridad de Género (IPG), impulsada por el BID, el WEF, la AFD y el gobierno ecuatoriano. Esta colaboración busca aumentar la participación femenina laboral, reducir la brecha salarial y promover liderazgos femeninos. También te puede interesar: CIFAL Málaga: Lidera el camino hacia un futuro sostenible a través de “Cascos Verdes”, que se replicará en Ecuador Desde 2021, Ecuador ha formado parte de esta iniciativa con un grupo de liderazgo que ha desarrollado un plan de acción con cinco líneas estratégicas y acciones concretas: Estas acciones impulsadas por la IPG son fundamentales para avanzar hacia una sociedad más equitativa. El apoyo del sector empresarial es crucial en este proceso. Las empresas no solo tienen la capacidad de implementar políticas inclusivas y justas, sino que también pueden liderar el cambio cultural necesario para derribar barreras estructurales que limitan el potencial de las mujeres. Al comprometerse con estas acciones, el sector empresarial no solo contribuye al desarrollo de una economía más dinámica y competitiva, sino que también fortalece su propia sostenibilidad al impulsar talentos diversos y promover un entorno de trabajo más productivo y equitativo.