La inteligencia artificial está dejando de ser un apoyo periférico para convertirse en una capa decisiva dentro de la operación tecnológica. Esa fue la premisa de la charla “Cuando la infraestructura toma decisiones: transformando la operación de las telcos con IA”, presentada por Jonathan Villacís, Gerente Nacional de Tecnología, Netlife. Su intervención mostró cómo la evolución de las redes ya no pasa sólo por ampliar cobertura o velocidad, sino por dotar a la infraestructura de capacidades para observar, comprender, decidir y actuar. “A partir de ahora estamos enseñándole a la infraestructura a tomar decisiones”, afirmó, al explicar que este cambio no se limita al sector telecomunicaciones, sino que puede replicarse en cualquier industria que opere sobre una base tecnológica compleja. Durante décadas, las redes funcionaron bajo un modelo reactivo: esperaban a que una persona detectara una falla, interpretara el problema y definiera la acción correctiva. Hoy, ese paradigma empieza a cambiar gracias al volumen de datos que genera la infraestructura y a la capacidad de la inteligencia artificial para procesarlos en tiempo real. “Las redes se limitaban a obedecer; hoy empiezan a observar, comprenden y llegan al punto de la decisión”, señaló. Sin embargo, aclaró que esa autonomía sigue bajo supervisión humana: “La inteligencia artificial puede decidir y actuar, pero siempre la estamos supervisando con personas”. Para Netlife, esa sinergia entre inteligencia humana y artificial es la que está dando paso a una infraestructura más ágil, predictiva y eficiente. Villacís insistió en que el punto de partida no es la IA en sí misma, sino la calidad de la información con la que opera. “Antes del AI first, para mí es data first”, sostuvo, al remarcar que tener millones de datos no basta si estos no se convierten en información sólida, confiable y útil para la toma de decisiones. En el caso de Netlife, esa base ha permitido avanzar hacia una tercera fase de adopción, en la que la IA ya no solo interactúa en chats o canales, sino que se integra en procesos técnicos y transversales de la organización. Más allá de la eficiencia operativa, el ejecutivo subrayó que una infraestructura inteligente solo tiene sentido si su impacto se traduce en negocio: mejor experiencia para el cliente, mayor productividad interna y reducción del Opex y el Capex. En esa lógica, la IA no reemplaza a los equipos de ingeniería, sino que amplifica su capacidad de respuesta y su alcance estratégico.