El incremento del 9,1% del índice de precios al consumidor (IPC) durante los últimos 12 meses hasta junio representa la mayor alza desde noviembre de 1981, mientras que la cifra mensual es el más alto desde 2005, impulsado por aumentos significativos en los precios de la gasolina, la vivienda y los alimentos. El IPC “básico”, que excluye los componentes más volátiles de los alimentos y la energía del cálculo, aumentó 5,9% respecto a hace un año y un 0,7% respecto al mes anterior, cifras que se ubican por encima de las previsiones. Frente a esta situación, es probable que la Reserva Federal continúe con fuertes subidas de sus tasas de interés mientras trata de controlar el incremento de los precios al enfriar la demanda antes de que la inflación se arraigue. La entidad implementó el mes pasado el mayor aumento de tasas en casi 30 años, y los especialistas prevén otro aumento de tres cuartos de punto a finales de este mes. También te puede interesar: El dólar supera al euro por primera vez en 20 años Por otro lado, los rendimientos de los bonos del Tesoro y el dólar se dispararon, mientras que los futuros de las acciones estadounidenses cayeron tras la divulgación del informe. Las cifras récord de inflación reafirman que las presiones sobre los precios son generalizadas e impactan en toda la economía, y a su vez, siguen deteriorando el poder adquisitivo y la confianza de los consumidores. A pesar de que muchos economistas sugieren que estos datos serán el punto álgido del actual ciclo inflacionista, hay varios factores, como la vivienda, que pueden mantener las presiones de los precios elevadas durante más tiempo. A estos se suman, los riesgos geopolíticos, incluidos los confinamientos por Covid-19 en China y el conflicto en Ucrania, que también plantean riesgos para las cadenas de suministro y las perspectivas de inflación. Fuente: Bloomberg Línea, Infobae